A quienes sostienen la fábrica, el campo, el hospital, la oficina y el hogar; a quienes inventan el pan cada día en la calle; a lxs que tienen un contrato y a lxs que sobreviven en la precariedad de la informalidad:
Harold Burbano, actuando como un peón más en el tablero de Noboa y el FMI, no solo ha firmado una sentencia contra la clase obrera, sino que ha escupido sobre la memoria de aquellos mártires del 15 de noviembre de 1922 que cayeron para conquistar la jornada de ocho horas. Hoy, con una pluma servil a las cámaras de comercio, se pretende reinstaurar la servidumbre mediante el Acuerdo Ministerial MDT-2026-059.
Bajo el disfraz de «eficiencia» y «dinamismo», este sistema permite que la patronal disponga de tu vida a su antojo. No es flexibilidad, es robo salarial institucionalizado. Al permitir que las 40 horas semanales se distribuyan de forma irregular en jornadas de hasta 10 horas diarias , el patrón te exprime dos horas extra cada día sin soltar un solo centavo de recargo suplementario, «compensándote» con un tiempo libre que él decide cuándo darte. Te roban el valor de tu tiempo de descanso diario y lo convierten en ganancia limpia para la burguesía.
La supuesta «libertad» de aceptar estos horarios es la mentira más perversa. Se nos habla de un consentimiento que en la práctica es una emboscada: el requisito de negociar se evapora si el horario ya consta en el Reglamento Interno de Trabajo. Ese documento, redactado unilateralmente por el patrón, es aceptado por el trabajador no por voluntad, sino bajo coacción. Al adherirse a este reglamento sin posibilidad de debate, el trabajador entrega su vida a una jornada extenuante simplemente porque así lo dicta un papel que «aceptó» para no quedar en la calle
A este engaño se suma la rendición del Estado ante el capital: si el Ministerio no se pronuncia en diez días sobre una solicitud de horario especial, la ley otorga una aprobación automática por silencio administrativo. Han quitado los pocos frenos que contenían la voracidad del patrón, dejando al trabajador en una indefensión absoluta. La ley ha dejado de ser un escudo para la clase obrera y se ha convertido en el mazo que el verdugo utiliza para quebrar nuestra resistencia física y organizativa.
Peor aún, utilizan a nuestra juventud como carne de cañón para este experimento de precarización. Bajo la promesa de «primera experiencia laboral», el Ministerio priorizará a las empresas que impongan estos horarios a jóvenes de entre 18 y 29 años. Quieren una generación que crezca creyendo que no tener vida propia es el precio de tener un empleo.
No faltará quienes, apoyados en cifras frías, digan que esto solo afecta a una minoría. Es una trampa. La regresión de derechos es una marea que, cuando sube para los de arriba, ahoga más rápido a los de abajo. Si se normaliza la jornada de 10 horas y la disponibilidad total en el sector formal, el techo de dignidad se desploma para todos. Al robarnos el tiempo, nos roban la posibilidad de pensar, de estudiar y de organizarnos. Un trabajador agotado solo tiene fuerzas para sobrevivir, nunca para rebelarse.
Frente a la prepotencia de este Acuerdo y la guerra declarada contra el pueblo trabajador, no responderemos con flores, sino con fuerza organizada. No permitamos que la prisa rompa la paciencia de la estrategia; sigamos levantando trincheras de lucha y tejiendo las redes necesarias para sostener el golpe.
Abajo el Acuerdo Ministerial MDT-2026-059
Ni humilladxs ni precarizadxs
¡Trabajadorxs organizadxs!