1° de Mayo 2026: nuestra evaluación [FOTOS]

Este 1ro de Mayo, no fue un desfile más, sino la culminación momentánea de meses de construcción colectiva de un monigote que ilustra lo denigrados que nos tienen como pueblo. Hicimos sátira de la sumisión consentida del presidente Daniel Noboa al dominio del gringo Donal Trump, así como a los intereses armamentistas y totalitarios de las élites criminales y despiadadas a las que ambos representan.

Para las y los antifascistas, el largo proceso de diálogo, debate y decisión fue lo más importante porque lanzarse a plasmar una escena BDSM y homoerótica de presidentes, si así se les puede llamar, en un contexto sociopolítico que anula la libertad a punta de estados de excepción, que persigue y desaparece organizaciones sociales, que tranza con el crímen organizado y que sigue plagada de moralismos judeocristianos en torno a la sexualidad y afectividad era exponerse a miradas persecutas que actúa como enfermedad autoinmune a punta de señalamientos morales sobre lo que es políticamente correcto o no.


Aún así, quienes somos parte de Acción Antifascista Ecuador, decidimos, como siempre, incomodar; porque eso necesita el poder, ser incomodado y expuesto. Canalizamos nuestra rabia e impotencia en este proceso que nos retó logísticamente y que, hacia la externa, importunó y sin lugar a duda llenó varios corazones de un poco de esperanza y voluntad de resistencia. El 1ro de Mayo crecimos, nos unimos y nos organizamos más porque nunca hemos visto a esta fecha como la oportunidad de figurar para la foto o para medir qué organización arrastra más gente en un despliegue de egos que, a menudo, nos parecen estériles.

El proceso de construcción colectiva, fue así: meses atrás, empezamos financiando la jornada con un evento autogestionado y desde entonces, cada juntada en nuestro local, el Ateneo Popular y Antifascista, ha sido un ejercicio de aprendizaje orgánico. No somos expertxs, somos compañerxs que se esfuerzan por poner en acción lo que creen y quieren comunicar, volcando los saberes individuales al pozo común del colectivo. Organizar, planificar cada paso, medir riesgos, definir responsabilidades y avanzar: esa es y fue nuestra tarea.

Decidimos, desde ese momento, que la agitación y propaganda, este año, tomaría la forma de un monigote de tres metros. Donald Trump, la sombra protofascista, dominando a Daniel Noboa, el niño rico narcobananero que administra este país como si fuera su hacienda privada. Los dos, en un juego BDSM que con arneses y mordazas ejemplificaba la sumisión absoluta del capital local ante el imperio. Mientras lo armábamos, la imagen nos llenaba de náusea al saber que es la realidad que vivimos y de orgullo porque fue fruto del trabajo por placer, algo casi imposible en este sistema capitalista.

Así fue como, el 1ro de Mayo marchamos con rabia organizada, una rabia masticada en cada fin de semana donde, entre engrudo y cartón, soltamos los problemas laborales, las explotaciones diarias y la angustia de ver cómo el arriendo y la comida se vuelven lujos difíciles de pagar. Ver este muñeco gigante cobrando forma era la demostración tangible de que solo en lo colectivo habrá una salida y que sí es posible. Cada día de trabajo orgánico, reafirmó nuestra convicción de que no hay futuro en la institucionalidad ni en la democracia burguesa y que si más grupos de gente se unieran en autonomía articulada, los que nos gobiernan jamás podrían seguir denigrándonxs.

A las juntadas, unxs llegaban reventadxs tras turnos de velada, otxs cansadxs tras mañanas de limpieza y cuidado del hogar y otrxs insolados después de sostener los entrenamientos populares en la mañana. Aún así, todxs llegábamxs dispuestxs a quedarnxs hasta la noche pasando el rato, construyendo y pintando el monigote. Y ahí vivimos, lo bacán de estar organizadxs: que las penas entre dos, entre tres, son más llevaderas y que entre risa y reflexión, nos permitimos soñar con tomar el cielo por asalto y acabar con la explotación.

Pero la realidad vivida también nos devolvía al piso rápido pues cada uno de nosotrxs comparte aula, oficina o barrio con esquiroles que, por miedo, desconocimiento o puro conformismo, no están dispuestos a defender sus derechos y son los primeros en señalarnos cuando alzamos la voz. Compartimos marcha con gente que ve al 1ro de Mayo como un desfile, un feriado o una oportunidad para que los caudillos de la socialdemocracia y el progresismo financiado por ONGs internacionales saquen a pasear su vanidad. Esa visión es una cáscara vacía y repudiamos la acción de salir a figurar y a que les tomen fotos para el currículum,  pues hay quienes forjan contrarrevoluciones desde sus académicos escritorios.

Nosotrxs, las y los militantes de Acción Antifascista, salimos porque entendemos que la teoría, si no se vuelve cuerpo en la calle, no es más que letra muerta. Quizás por eso, el día de la marcha, al salir del Ateneo, ya nos esperaban los policías para el «control rutinario». «Documentos en mano y me abren las mochilas, contra la pared», exclamó el policía. No nos sorprendió; agentes de civil llevaban días rondando el local. Es el precio que se paga por decidir enfrentar a la estructura y por salir de la norma. Pero salimos. Salimos a la calle con autonomía y autogestión, con independencia de clase; no para ser vanguardia de nadie, sino para gritar juntxs que hay alternativa y que queremos pelear por nuestros derechos.

Al llegar al punto de concentración, el bloque antifascista se activó orgánicamente: unxs vendían banderas y pañuelos para sostener económicamente las impresiones del volante y los gastos extras del monigote; otrxs compañerxs sumaban a lxs que iban llegando; otrxs repasaban consignas con el megáfono; muchxs repartían los volantes que explicaban el por qué de ese gran muñeco de Trump y Noboa. Y, por supuesto, estaban quienes cuidaban el bloque con mirada atenta, porque para nosotrxs la seguridad y la autodefensa son pilares fundamentales.

Avanzamos a paso lento por la avenida 10 de Agosto hasta conectar con la Guayaquil, adentrándonos en el centro. Nuestro bloque tenía banda sonora propia: el acordeón tocando «A la huelga» de Rolando Alarcón, seguido de las «Coplas de la Huelga» de Jaime Guevara. Intentamos sostener el pulso entre cantos y consignas, pero el ruido ensordecedor de las batucadas, que a menudo opacan los gritos de reclamo de la gente, nos jugó una mala pasada esta vez. Una nota colectiva a evaluar para la próxima será: alejarse de las batucadas.

Aun así, entre explosivos y bengalas de humo, gritamos nuestras arengas. Arengas propias, buscando salir del cliché, de esas que dicen «hay que estudiar, hay que estudiar, el que no estudia es policía nacional». Nos parece clasista esa visión, como si la gente que no estudia debiera hacerse chapa o fuera menos valiosa. Lxs represores estudian, de eso no hay duda; y los odiamos precisamente porque no actúan por ignorancia, sino con conciencia de causa. Entonces gritamos «¡Feliz día del trabajador… será cuando acabe… la explotación!», o «¡No queremos… más fuerza policial… queremos medicinas en el hospital!». Al toparnos con una barricada de milicos, no desaprovechamos la oportunidad para increparlos por los cuatro niños de las Malvinas. No olvidamos ni perdonamos.

Llegamos a la Plaza de Santo Domingo, al final del trayecto, y como organización que se junta para actuar, y no como el activismo improvisado y buenista, cada unx asumió su tarea con orgullo. Unas compañeras jalaron la cinta de peligro para marcar el espacio; otrxs abrieron a la gente; otrxs prendieron las bombas de humo rojo y negro, nuestros colores, y las compañeras del megáfono nunca dejaron de arengar. Le dimos la vuelta al monigote de Trump y Noboa, deseando con cada parte del cuerpo que ese juicio popular fuera real, y les prendimos fuego y explosivos. Creemos que muchos sintieron nuestra satisfacción al verlos arder.

Así cerramos este 1ro de Mayo: fortalecidos y gritándole al mundo y a nosotrxs mismxs que la lucha apenas empieza, que el compromiso y la organización son el camino a la revolución. Pero, ante todo y sobre todo, que en lo colectivo y orgánico está la salida, que no pactamos con explotadores ni negociamos nuestra miseria. Nos retiramos con la certeza de que la lucha apenas empieza y que seguiremos actuando con rabia organizada en autogestión y sin migajear cargos públicos o cuotas de poder en partidos políticos.

Somos capaces de esto y más.
Que tiemblen lxs poderosos.
Aquí están lxs antifascistas.

 

 

Crisis en el transporte público: El campo de batalla que la burguesía nos obliga a pagar

Lo que hoy vive el Ecuador y con especial énfasis en Quito con el recorte de la jornada laboral de los transportistas no es una simple crisis de pasajes; es la puesta en escena de un chantaje sistémico. Por un lado, un Gobierno Central que, bajo el dictamen del capital transnacional y el FMI, ha decidido que el pueblo debe «pagar lo que cuesta» el combustible, eliminando los subsidios que sostenían el frágil equilibrio de la economía popular. Por otro lado, una élite transportista que, si bien es golpeada por el costo de los insumos, históricamente ha operado como una patronal precarizadora: recibe dinero público sin ofrecer jamás un servicio digno y hoy utiliza al usuario como escudo humano para blindar su tasa de ganancia.

La estrategia maniquea de «lanzar la pelota» entre el Estado Central y los Municipios es una distracción calculada. Mientras los alcaldes se escudan en la «falta de competencias» y el Gobierno en la «liberación de precios», el resultado es la parálisis de la clase trabajadora. No es ineptitud, es gestión neoliberal del conflicto: fragmentan la responsabilidad para que el enemigo se vuelva invisible. Al final, quien se queda a pie a las ocho de la noche no es el burócrata del Ministerio ni el dueño de la cooperativa de buses que duerme en urbanización privada; es la masa laboral que sostiene el país con su fuerza de trabajo.

En nuestro debate surge una verdad incómoda: ¿quién es el enemigo? Es fácil descargar la rabia contra el chofer que opera la unidad, pero culpar a la «panadería por subir el pan» cuando el trigo lo controla un monopolio es desviar el objetivo. Sin embargo, no cabe romanticismo con la patronal del transporte. Esos «dueños de las decisiones» son quienes mantienen a los conductores sin seguridad social, bajo jornadas extenuantes y en unidades que son trampas mortales. La lucha de clases aquí se manifiesta en tres frentes: el Estado contra el pueblo, la patronal contra el usuario, y el capitalista contra el trabajador del volante.

Ante este secuestro, la reflexión no debe ser cuánto estamos dispuestos a pagar, sino cuánto estamos dispuestos a tolerar. Mientras el transporte sea una mercancía en manos de élites burguesas y una ficha de ajedrez electoral para los políticos de turno, el pueblo será el rehén.

La salida no vendrá de un decreto técnico ni de una promesa de campaña. La solución germina en reconocer que la comunidad organizada es el único contrapeso real ante una casta que se regocija en el privilegio mientras nosotros caminamos a casa. Es momento de dejar de ser pasajeros de nuestra propia miseria para convertirnos en los conductores de nuestra resistencia colectiva. La movilidad es un derecho, no el botín de guerra de sus pugnas interburguesas.

EL IVA AL MESA: el hambre como política de estado.

La administración de la Corporación Noboa y su brazo ejecutor Alexandra Navarrete, ex gerenta tributaria de Exportadora Bananera Noboa. han oficializado lo que en los barrios ya se sentía: el derecho a comer ha sido gravado con el 15% de IVA. Bajo el disfraz de una «circular aclaratoria», el Estado ha redefinido la naturaleza misma de los alimentos para arrancar más dinero de los bolsillos empobrecidos y entregarlo a las arcas del capital financiero internacional.

Con el argumento de un «error técnico», se produce esta metida de mano al bolsillo de los ecuatorianos. Al declarar que cualquier proceso de conservación o mejora convierte al alimento en un «producto procesado», el Gobierno ha sentenciado a más de 60 productos de consumo básico al impuesto del 15%.

      • Leche deslactosada, descremada o enriquecida: Necesidad básica para niños y ancianos con condiciones de salud que ahora tributa el máximo.
      • Carnes desmechadas, marinadas o precocidas; vegetales cortados o al vacío: El sistema castiga con el 15% a quien, tras una jornada extenuante, busca optimizar su escaso tiempo de vida.
      • Pan de molde, fideos instantáneos, café, pulpas de fruta y condimentos: El 15% se aplica a todo lo que permite que una familia sostenga el día a día.

Este no es un hecho aislado; es la culminación de una ofensiva que empezó en abril de 2024:

      1. Abril 2024: Subieron el IVA del 12% al 15% con la promesa de «seguridad». El resultado: 9,216 muertes violentas en 2025 y un país militarizado donde el narcocapitalismo sigue operando desde los puertos y los bancos.
      2. Liberalización de combustibles: Un golpe en cadena que encarece el flete del campesino y la percha de la verdulería, pulverizando el poder adquisitivo en cada esquina.
      3. Abril 2026: La canasta básica proyecta un costo de $838, dejando al salario básico de $480 como una broma de mal gusto.

Mientras el Gobierno presume de 12 mil millones de dólares en reservas internacionales y la banca privada celebra utilidades récord de 700 millones, el sistema público de salud colapsa al 54% de su capacidad.

El dinero existe, pero está secuestrado. Se guarda para garantizar el pago de una deuda externa ilegítima y para respaldar los negocios de la lumpen-burguesía (dueños de bancos y constructoras) que lavan el capital de sangre mientras el pueblo pone los muertos. No hay «falta de fondos», hay una transferencia violenta de riqueza desde tu plato hacia sus cajas fuertes.

A esto se suma que el Ministerio del Trabajo instauró jornadas de 10 horas sin recargos. Quieren un trabajador malnutrido por el IVA y agotado por la jornada; sin tiempo para estudiar, organizarse o rebelarse. Un cuerpo cansado es un cuerpo sumiso.

Las cifras frías de los economistas de televisión no llenan el estómago. La supuesta «seguridad» de los medios no detiene la extorsión en el barrio. El Estado ha dejado de ser un mediador para convertirse en el martillo de las corporaciones y el FMI.

Rechazamos tajantemente la implementación del IVA a los alimentos básicos; no hay «aclaración técnica» que valga cuando el resultado directo es el hambre y el saqueo de las economías populares.

Frente al saqueo estatal, nuestra respuesta es la desobediencia económica organizada. Llamamos a construir una autonomía real fortaleciendo los mercados populares y las redes de abastecimiento directo: cada moneda que circula entre trabajadores es una moneda que se le resta a la maquinaria fiscal del hambre. Es imperativo romper la cadena de dependencia con los grandes supermercados, que actúan como recaudadores del Estado y especuladores del consumo. Construir soberanía alimentaria hoy es la forma más directa de boicotear el poder financiero que intenta asfixiarnos; si el Estado impone el impuesto a nuestra mesa, nuestra clase responde retirando su capital de sus circuitos de control.

¡A calentar las calles, elevar la agitación y preparar la ofensiva popular!

La Cloaca del Poder: De las islas de Epstein a las calles de Ecuador

Mientras el mundo vuelve a estremecerse este inicio de 2026 con las nuevas filtraciones de los archivos de Epstein, esa cloaca donde el poder global desnudó su naturaleza depredadora, es urgente que también regresemos la mirada a la podredumbre que supura dentro de nuestra propia casa. Es fácil indignarse ante la depravación de las élites mundiales, pero esa misma red de impunidad es la que sostiene a nuestra lumpen-burguesía local. 

Hablamos de esa clase parasitaria que se llena los bolsillos con utilidades bancarias récord —superando los 700 millones de dólares anuales— mientras el país se desangra. El jet privado de las “islas del pecado” y el barco bananero que sale de Guayaquil cargado de cocaína son dos caras de la misma moneda. No son mundos distintos; es el mismo engranaje donde el dinero se “desinfecta» en edificios de lujo mientras en los barrios ponemos los muertos.

Debemos llamar a las cosas por su nombre para que el análisis sea un arma. Lo que vivimos en Ecuador es el capitalismo en su fase más pura, violenta y desprovisto de la poca ética que le quedaba. En este engranaje, la **lumpen-burguesía (dueños de bancos, importadoras y constructoras que lavan el capital de sangre) utiliza al *lumpen-proletariado como su mano de obra más barata y desechable. Y aquí no caben romanticismos: ese sujeto que víctima de un sistema que lo parió sin pan, ni educación, pero con un arma, hoy es quien te extorsiona, quien asalta al obrero y quien intimida al vecino. Es enemigo de primer orden en la cotidianidad del barrio, un victimario que, en su desesperación o ambición, se ha vuelto el perro guardián de los negocios turbios de los de arriba.

En esa desesperación mediada por el terror, el pueblo muchas veces descarga su furia contra el eslabón más débil: el delincuente menor que termina linchado o quemado en una esquina. Pero seamos claros: golpear al último peldaño de la escalera mientras guardamos silencio ante los grandes traficantes y banqueros es un acto de cobardía inducida. La «limpieza social» y los “comandos de la muerte” jamás serán justicia popular; son herramientas perversas que, curiosamente, siempre terminan ligadas a militares, policías u organizaciones políticas que defienden los intereses de los ricos. Ellos nos meten miedo para vendernos su «seguridad», mientras sus patrones lavan el dinero del narco al que dicen despreciar. Quieren que nos matemos entre pobres para que nadie mire hacia los penthouses donde se firman los verdaderos acuerdos.

Nuestra tarea no es convertirnos en verdugos al servicio de la burguesía, sino reconstruir el tejido social que el narco-capitalismo rompe. Organizar la autodefensa popular no significa crear grupos de exterminio que le hacen el trabajo sucio al Estado, sino levantar una fuerza comunitaria que recupere la calle, que cuide a nuestras infancias de la seducción del dinero fácil y que expulse tanto al vacunador como al banquero que le limpia las cuentas. Solo cuando la comunidad se reconozca a sí misma fuera del engranaje podrido de las economías legales e ilegales, empezaremos a ser libres. Porque si la élite tiene sus islas y sus archivos secretos, nosotros tenemos la solidaridad de clase y la rabia organizada que no se vende ni se arrodilla.

A preparar la ofensiva popular

 

** Algunos conceptos necesarios

El Proletariado
Es la clase que, al no ser dueña de fábricas, tierras ni herramientas, sólo tiene su fuerza de trabajo para vender. El proletario no es solo quien trabaja, es quien produce la plusvalía (la riqueza que el patrón se queda sin haber trabajado). Su fuerza reside en su papel estratégico en la producción: si el proletariado se detiene, el mundo se apaga.

*Lumpenproletariado:
Son los sectores expulsados del sistema productivo que han perdido el vínculo con la identidad obrera . Al vivir al margen de la ley y la solidaridad de clase, Marx advertía que son un grupo peligroso. Sin formación política, el sistema los usa fácilmente como fuerza de choque o soplones, pues su falta de raíces los hace vendibles al mejor postor, incluso a sus propios opresores.

La Burguesía: 
Es la clase dominante que posee los medios de producción. Su función histórica ha sido acumular capital mediante la explotación del trabajo ajeno. A diferencia del pueblo, la burguesía utiliza el Estado y sus leyes para proteger su propiedad privada. No son «emprendedores» por esfuerzo propio, son los administradores de un sistema que requiere que la mayoría sea pobre para que una minoría sea inmensamente rica.

**Lumpenburguesía
Término clave para entender a las élites de países dependientes o colonizados. A diferencia de la burguesía industrial que construye infraestructura, la lumpenburguesía es parásita: no tiene proyecto de país, solo de bolsillo. Actúan como intermediarios del capital extranjero legal o ilegal, prefiriendo la especulación financiera y el extractivismo (saqueo de recursos naturales) antes que el desarrollo social. Son los que venden su propia nación a pedazos por una comisión.



La obediencia es la enfermedad, la desobediencia es la cura

Nos han educado para ser engranajes de una maquinaria ajena. Desde la escuela-cuartel hasta la fábrica-prisión, el sistema ha montado un experimento de domesticación donde la única respuesta permitida es la sumisión. Pero la historia no la escriben quienes bajan la cabeza, sino quienes interrumpen el flujo del orden establecido.

Los patrones sociales y económicos del capitalismo nos empujan hacia un individualismo suicida. Nos han vendido la «salvación individual» para ocultar que nuestra soledad es la base de nuestra debilidad. Nos fragmentan para devorarnos. El egoísmo no es una condición biológica; es una herramienta de control burgués diseñada para que veas un competidor en quien sufre a tu lado, en lugar de un hermano de clase.

El poder teme al pueblo que piensa y se reconoce. Por eso, asfixian nuestra conciencia con necesidades artificiales y espectáculos vacíos. Nos imponen una cultura del consumo que nos entierra en deudas mientras refuerzan los grilletes de la vigilancia algorítmica. Un pueblo entretenido es un pueblo explotable.

La democracia burguesa es un teatro de sombras donde los actores cambian pero el guion lo escriben los mismos dueños del dinero. La verdadera política no reside en las urnas del opresor, sino en la ruptura de los hábitos de obediencia que nos han inoculado.

Desobedecer no es un capricho individualista; es un acto de autodefensa de clase. Cada vez que prefieres la solidaridad sobre la competencia, estás saboteando la lógica del Capital y recuperando tu humanidad.

La victoria no vendrá de “mesías” ni de «líderes» que negocian nuestras vidas en despachos alfombrados. La emancipación será obra de la clase obrera , desde la base, la autogestión y el apoyo mutuo.

      1. Identifica el patrón: Reconoce cuándo actúas por el miedo programado por el sistema.
      2. Corta el hilo: Niégate a ser el verdugo de tus iguales. Rompe la cadena de mando en tu cotidianidad.
      3. Organízate y Lucha: La única fuerza capaz de detener la maquinaria es la de las masas conscientes, organizadas y fuera de control institucional.


POR TU SALUD MENTAL, DESOBEDECE