Este 1ro de Mayo, no fue un desfile más, sino la culminación momentánea de meses de construcción colectiva de un monigote que ilustra lo denigrados que nos tienen como pueblo. Hicimos sátira de la sumisión consentida del presidente Daniel Noboa al dominio del gringo Donal Trump, así como a los intereses armamentistas y totalitarios de las élites criminales y despiadadas a las que ambos representan.
Para las y los antifascistas, el largo proceso de diálogo, debate y decisión fue lo más importante porque lanzarse a plasmar una escena BDSM y homoerótica de presidentes, si así se les puede llamar, en un contexto sociopolítico que anula la libertad a punta de estados de excepción, que persigue y desaparece organizaciones sociales, que tranza con el crímen organizado y que sigue plagada de moralismos judeocristianos en torno a la sexualidad y afectividad era exponerse a miradas persecutas que actúa como enfermedad autoinmune a punta de señalamientos morales sobre lo que es políticamente correcto o no.

Aún así, quienes somos parte de Acción Antifascista Ecuador, decidimos, como siempre, incomodar; porque eso necesita el poder, ser incomodado y expuesto. Canalizamos nuestra rabia e impotencia en este proceso que nos retó logísticamente y que, hacia la externa, importunó y sin lugar a duda llenó varios corazones de un poco de esperanza y voluntad de resistencia. El 1ro de Mayo crecimos, nos unimos y nos organizamos más porque nunca hemos visto a esta fecha como la oportunidad de figurar para la foto o para medir qué organización arrastra más gente en un despliegue de egos que, a menudo, nos parecen estériles.
El proceso de construcción colectiva, fue así: meses atrás, empezamos financiando la jornada con un evento autogestionado y desde entonces, cada juntada en nuestro local, el Ateneo Popular y Antifascista, ha sido un ejercicio de aprendizaje orgánico. No somos expertxs, somos compañerxs que se esfuerzan por poner en acción lo que creen y quieren comunicar, volcando los saberes individuales al pozo común del colectivo. Organizar, planificar cada paso, medir riesgos, definir responsabilidades y avanzar: esa es y fue nuestra tarea.
Decidimos, desde ese momento, que la agitación y propaganda, este año, tomaría la forma de un monigote de tres metros. Donald Trump, la sombra protofascista, dominando a Daniel Noboa, el niño rico narcobananero que administra este país como si fuera su hacienda privada. Los dos, en un juego BDSM que con arneses y mordazas ejemplificaba la sumisión absoluta del capital local ante el imperio. Mientras lo armábamos, la imagen nos llenaba de náusea al saber que es la realidad que vivimos y de orgullo porque fue fruto del trabajo por placer, algo casi imposible en este sistema capitalista.
Así fue como, el 1ro de Mayo marchamos con rabia organizada, una rabia masticada en cada fin de semana donde, entre engrudo y cartón, soltamos los problemas laborales, las explotaciones diarias y la angustia de ver cómo el arriendo y la comida se vuelven lujos difíciles de pagar. Ver este muñeco gigante cobrando forma era la demostración tangible de que solo en lo colectivo habrá una salida y que sí es posible. Cada día de trabajo orgánico, reafirmó nuestra convicción de que no hay futuro en la institucionalidad ni en la democracia burguesa y que si más grupos de gente se unieran en autonomía articulada, los que nos gobiernan jamás podrían seguir denigrándonxs.
A las juntadas, unxs llegaban reventadxs tras turnos de velada, otxs cansadxs tras mañanas de limpieza y cuidado del hogar y otrxs insolados después de sostener los entrenamientos populares en la mañana. Aún así, todxs llegábamxs dispuestxs a quedarnxs hasta la noche pasando el rato, construyendo y pintando el monigote. Y ahí vivimos, lo bacán de estar organizadxs: que las penas entre dos, entre tres, son más llevaderas y que entre risa y reflexión, nos permitimos soñar con tomar el cielo por asalto y acabar con la explotación.
Pero la realidad vivida también nos devolvía al piso rápido pues cada uno de nosotrxs comparte aula, oficina o barrio con esquiroles que, por miedo, desconocimiento o puro conformismo, no están dispuestos a defender sus derechos y son los primeros en señalarnos cuando alzamos la voz. Compartimos marcha con gente que ve al 1ro de Mayo como un desfile, un feriado o una oportunidad para que los caudillos de la socialdemocracia y el progresismo financiado por ONGs internacionales saquen a pasear su vanidad. Esa visión es una cáscara vacía y repudiamos la acción de salir a figurar y a que les tomen fotos para el currículum, pues hay quienes forjan contrarrevoluciones desde sus académicos escritorios.
Nosotrxs, las y los militantes de Acción Antifascista, salimos porque entendemos que la teoría, si no se vuelve cuerpo en la calle, no es más que letra muerta. Quizás por eso, el día de la marcha, al salir del Ateneo, ya nos esperaban los policías para el «control rutinario». «Documentos en mano y me abren las mochilas, contra la pared», exclamó el policía. No nos sorprendió; agentes de civil llevaban días rondando el local. Es el precio que se paga por decidir enfrentar a la estructura y por salir de la norma. Pero salimos. Salimos a la calle con autonomía y autogestión, con independencia de clase; no para ser vanguardia de nadie, sino para gritar juntxs que hay alternativa y que queremos pelear por nuestros derechos.

Al llegar al punto de concentración, el bloque antifascista se activó orgánicamente: unxs vendían banderas y pañuelos para sostener económicamente las impresiones del volante y los gastos extras del monigote; otrxs compañerxs sumaban a lxs que iban llegando; otrxs repasaban consignas con el megáfono; muchxs repartían los volantes que explicaban el por qué de ese gran muñeco de Trump y Noboa. Y, por supuesto, estaban quienes cuidaban el bloque con mirada atenta, porque para nosotrxs la seguridad y la autodefensa son pilares fundamentales.

Avanzamos a paso lento por la avenida 10 de Agosto hasta conectar con la Guayaquil, adentrándonos en el centro. Nuestro bloque tenía banda sonora propia: el acordeón tocando «A la huelga» de Rolando Alarcón, seguido de las «Coplas de la Huelga» de Jaime Guevara. Intentamos sostener el pulso entre cantos y consignas, pero el ruido ensordecedor de las batucadas, que a menudo opacan los gritos de reclamo de la gente, nos jugó una mala pasada esta vez. Una nota colectiva a evaluar para la próxima será: alejarse de las batucadas.

Aun así, entre explosivos y bengalas de humo, gritamos nuestras arengas. Arengas propias, buscando salir del cliché, de esas que dicen «hay que estudiar, hay que estudiar, el que no estudia es policía nacional». Nos parece clasista esa visión, como si la gente que no estudia debiera hacerse chapa o fuera menos valiosa. Lxs represores estudian, de eso no hay duda; y los odiamos precisamente porque no actúan por ignorancia, sino con conciencia de causa. Entonces gritamos «¡Feliz día del trabajador… será cuando acabe… la explotación!», o «¡No queremos… más fuerza policial… queremos medicinas en el hospital!». Al toparnos con una barricada de milicos, no desaprovechamos la oportunidad para increparlos por los cuatro niños de las Malvinas. No olvidamos ni perdonamos.

Llegamos a la Plaza de Santo Domingo, al final del trayecto, y como organización que se junta para actuar, y no como el activismo improvisado y buenista, cada unx asumió su tarea con orgullo. Unas compañeras jalaron la cinta de peligro para marcar el espacio; otrxs abrieron a la gente; otrxs prendieron las bombas de humo rojo y negro, nuestros colores, y las compañeras del megáfono nunca dejaron de arengar. Le dimos la vuelta al monigote de Trump y Noboa, deseando con cada parte del cuerpo que ese juicio popular fuera real, y les prendimos fuego y explosivos. Creemos que muchos sintieron nuestra satisfacción al verlos arder.

Así cerramos este 1ro de Mayo: fortalecidos y gritándole al mundo y a nosotrxs mismxs que la lucha apenas empieza, que el compromiso y la organización son el camino a la revolución. Pero, ante todo y sobre todo, que en lo colectivo y orgánico está la salida, que no pactamos con explotadores ni negociamos nuestra miseria. Nos retiramos con la certeza de que la lucha apenas empieza y que seguiremos actuando con rabia organizada en autogestión y sin migajear cargos públicos o cuotas de poder en partidos políticos.
Somos capaces de esto y más.
Que tiemblen lxs poderosos.
Aquí están lxs antifascistas.
















