Barrio a barrio, cuadra a cuadra, casa por casa. Así pelearon el Antifascismo y compañía ante el avance del naciente fascismo en el siglo XX. Lxs luchadorxs del pasado, nuestrxs buenxs luchadorxs de clase, apenas escucharon juntas las palabras “Nacionalsocialismo” se dieron cuenta del engaño.
Sabían muy bien que la opción de un nacionalsocialismo puesto en una papeleta de votación no era más que el nuevo rostro de la burguesía para mantener el poder político y económico; vía elecciones populares, seguir explotando y oprimiendo al pueblo alienado.
Lxs luchadorxs del siglo XX, nuestrxs buenxs luchadorxs del pasado, tenían claro que un personaje disfrazado con ropas militares en medio de desfiles marciales no velaría, de ninguna manera, por los intereses del pueblo, sino solo por los de sus generales: burgueses voraces.
Pese a los anuncios de días terribles y repetitivos, los Hitler, Mussolini y compañía usaron la democracia liberal para hacerse del poder político en la Europa de los años 20 y 30. Las primeras medidas políticas y económicas de los nacientes fascismos fueron represión, hambre y muerte para las masas, junto a ganancias récord y beneficios sin límite para los ricos.
Así, el fascismo mostró su verdadero rostro: perro rabioso del capitalismo, su brazo armado para instaurar la dictadura global del capital.
Barrio a barrio, cuadra a cuadra, casa por casa, lxs partizanxs y el pueblo organizado lo derrotaron. No podemos dejar fuera de este relato al Ejército Rojo. Hay que estar a su altura.
Pese a la gran victoria de nuestrxs buenxs luchadorxs, el fascismo está de vuelta: América Latina 2026. Con sus variantes, pero de vuelta para nuestro disgusto.
Los personajes ya no visten de uniforme militar ni hacen desfiles marciales. Hoy, las nuevas marionetas de la dictadura del capital visten de traje y corbata, usan discursos de carácter religioso y demagogia motivacional.
Javier Milei, los herederos del bolsonarismo, Daniel Noboa y compañía no son “grandes” oradores ni estrategas. Son las nuevas marionetas del imperialismo estadounidense. Trátalos como tal. Trump y los fondos de inversión mueven los hilos hoy; mañana será alguien más, es evidente.
Los De la Espriella, Fujimori, Kast y compañía no son nacionalistas: son nacionalentreguistas. A diferencia de sus antecesores, la nueva ola de extrema derecha no “vela” por intereses nacionales. Más bien entrega los recursos naturales, las empresas públicas y la soberanía en favor del imperio estadounidense, el capital financiero especulativo y las corporaciones extractivistas.
Nacionalentreguismo: entregar la nación para asegurar ganancias en el mercado mundial; entregar “compatriotas” en nombre de la libertad para que sean explotados como mano de obra barata por la tecno-burguesía global.
El nacionalentreguismo es el rostro más actual del fascismo. Un fascismo que militariza las calles y utiliza la “guerra contra el crimen organizado” para perseguir, desaparecer y encarcelar la protesta popular. Hoy o mañana, las fuerzas represivas te asesinarán, encarcelarán o desaparecerán con la excusa de la Seguridad Nacional, y todos seremos cómplices con el silencio.
Fascismo 2026 para las naciones de América: aranceles y bloqueos para los que decidan no alinearse con el imperio; hambre, muerte y represión para la población más pobre; ganancias récord y beneficios sin límite para los ricos del mundo.
La democracia representativa nunca fue el camino. Personajes como Hitler y Mussolini llegaron al poder gracias a las reglas del juego burgués. No fue un accidente histórico: es el poder económico transformándose una y otra vez para perpetuarse.
¿Qué libertad de elección política puede haber en un país como Ecuador, donde el presidente Daniel Noboa Azin controla todos los poderes del Estado y mueve el tablero electoral para competir solo?
¿Qué igualdad de oportunidades para elegir y ser elegidx puede haber en una elección sudamericana, donde los algoritmos de las redes sociales de capital estadounidense hacen campaña política a favor de sus fichas de derecha?
Lxs luchadorxs del pasado, lxs buenxs y atrevidxs luchadorxs de nuestra clase, se dieron cuenta del engaño a tiempo. Hoy les tomamos la palabra y la acción: decidimos seguir enfrentándolos y les decimos: ¡NO PASARÁN!
La lucha del ayer fue suplantada por sueños de “progreso” y “comodidad”. La comodidad es uno de los nuevos males globales: anestesia la conciencia y destruye el tejido social. Hay que combatirla.
El fascismo de nuevo rostro y ropaje tiene sus propios enemigos: buenxs luchadorxs sociales, librepensadores que no han sucumbido ante el revisionismo, el pacto y la componenda; antifascistas de todos los colores poniéndole cara y cuerpo a la resistencia, desde las redes sociales y el algoritmo hasta la toma efectiva de las calles. Barrio a barrio, cuadra a cuadra, casa por casa contra la nueva amenaza imperialista. Organización, conciencia y lucha.
¡No pasarán!



