Ecuador vs. Curazao: Racismo si ganamos, más racismo si perdemos

La alegría que produce el triunfo en lo deportivo, o la tristeza y la rabia que genera la derrota, no siempre saca las mejores intenciones de la gente. O más bien, le quita el filtro a la convivencia entre iguales.

El pasado sábado 20 de junio 2026 la selección ecuatoriana de fútbol se enfrentó a su similar de Curazao. En partido válido por los 3 puntos y el pase a los 16vos de final del máximo torneo de fútbol: la copa mundial de la FIFA México, Canadá y EEUU 2026.

En un partido plagado de ocasiones para anotar a favor de Ecuador, la selección tricolor sudamericana no pasó del empate 0 – 0 ante los caribeños. Este marcador, que deja con pocas posibilidades de avanzar en el torneo a los ecuatorianos, sacó a flote los comentarios y burlas racistas hacia los jugadores.

Una de las víctimas de esos comentarios y ese “humor” es Enner Valencia, delantero de la selección ecuatoriana de fútbol desde 2013. Los comentarios que van desde “negros hp no saben jugar” hasta «bromas» que mandaban a los jugadores afrodescendientes a “vender cocadas o ser sicarios”. Que esos negros se vayan a Esmeraldas a vender cocadas». Como si esa fuera la única realidad del pueblo afro; como si las comunidades negras solo existieran en Esmeraldas. Como si, en una de las ciudades más peligrosas del mundo, ese fuera el destino inevitable para un joven de barrio, si es que el fútbol o un estudio en condiciones precarias no logran rescatarlo de las garras de los GDO. No sorprende, pero duele: atacan el color de la piel y la condición social para intentar invalidar un desempeño deportivo. Es tan limitado nuestro pensamiento que no tenemos otro argumento para decir que alguien es “malo” más que escupir su color de piel, su origen o su nacionalidad.

Este “humor” está tan normalizado, que la mayoría lo acoge sin cuestionar que, detrás de ese insulto, habla todo un sistema de colonización que sigue operando en nosotrxs mediante discursos que repetimos desde 1492.

Franz Fanon, un mijin que vivió en la Argelia ocupada por el imperialismo francés, en 1945, se dio cuenta de que el triunfo real de los colonizadores no fue solo masacrar y saquear. Su victoria maestra fue instalar sus discursos en la cabeza de los oprimidos. En una jugada cruel, los de abajo terminan aplastando a sus iguales con los mismos insultos que usaron para humillar a sus ancestros. Cuando dices “negro hp clava el gol”, un europeo opresor y colonizador está hablando por ti. Ellos van ganando el partido; ellos nos dicen cómo pensar y hasta cómo insultar.

Aparecerá un “genio” a decir: “generación de cristal”. No, no lo somos. Somos una generación que desea que los opresores dejen de hablar porque nosotrxs. Es tan difícil de entender. Molesta ver que discursos, aparecidos hace siglos, siguen operando en un puñado de oprimidos que no ubican al enemigo. Que humillan a sus compatriotas por sus limitaciones deportivas. Y no se indignan o insultan de la misma manera cuando el presidente de Ecuador se va al mundial con fondos públicos de todxs nosotrxs, «los longos y negros hpts», pisoteados y humillados por el poder de turno, POR LOS RICOS DE TURNO.

¿Cuánta humillación y cuántos zapatos necesitamos besar para reaccionar? Piensa mi pana mestizx, de los Andes o de selvas o la costa, no eres pobre por ser color cartón y estatura promedio, eres pobre y estás sobreendeudado, con pocas oportunidades, porque el capitalismo colonialista te puso límites.

El Mundial se termina para Ecuador, pero el racismo, la violencia y la pobreza continúan en las calles y en nuestras cabezas. El partido aún no termina, podemos ganar esta competencia. Oponerse al racismo es también luchar contra la opresión y el fascismo

Mundial de Fútbol 2026: reflexiones antifascistas desde el territorio ecuatoriano.

El mercantilismo y el consumismo dice “jueguen muchachos”. El 11 de junio de 2026, el balón comenzó a rodar en el Estadio Azteca de la Ciudad de México, conocido como el “Gigante de Santa Úrsula”. Con el inicio del Mundial México-Canadá-EE. UU. 2026, el espectáculo deportivo parecía impecable en lo organizativo. Sin embargo, lo que las cámaras globales omitieron fue que, apenas ocho minutos después del pitazo inicial, cientos de manifestantes a las afueras del estadio fueron sometidos a una feroz represión policial. Mientras un puñado de consumidores privilegiados disfrutaba del evento, miles de personas salieron a las calles para aprovechar la visibilidad mediática del Mundial y exigir sus derechos, incomodando al poder político y económico.

Gran avance por las bandas para los manifestantes, pero reciben una falta por detrás de las autoridades. Revisando el VAR de la justicia social se pudo ver lo siguiente: la rabia que estalló este 11 de junio no fue casual, fue el desborde de un país que ha llegado al límite de su tolerancia ante el cinismo:

  • El grito de las Madres Buscadoras: Ante una crisis de más de 130,000 desaparecidos, las familias rompieron el silencio del Mundial. Denunciaron que México se ha convertido en un cementerio clandestino y que el evento deportivo es una burla sangrienta frente a su dolor.
  • La dignidad magisterial: La CNTE marchó en defensa de la educación pública frente a un Estado que prioriza eventos corporativos sobre la formación de la juventud. Su lucha es una resistencia contra la precarización y el intento gubernamental de silenciar a quienes enseñan a pensar.
  • La herida de Ayotzinapa: A casi 12 años de la desaparición de los 43, el Mundial es un recordatorio de que la impunidad es política de Estado. Su presencia fue un acto de memoria histórica contra quienes, en los altos cargos, protegen a los responsables de la masacre.
  • Vivienda y territorio: El evento ha acelerado la gentrificación y el desplazamiento. Las protestas señalaron como el despojo del espacio público y la militarización de los barrios se imponen para que el turista disfrute mientras el vecino es marginado.
  • Rechazo a la militarización: El operativo de seguridad no buscaba proteger a la ciudadanía, sino blindar el negocio de la FIFA. La represión demostró que el gobierno prefiere la violencia antes que permitir que el descontento popular empañe su fachada de «país moderno».

Al finalizar el encuentro entre México y Sudáfrica, los espectadores salieron del estadio enfurecidos, no solo por el rendimiento de su equipo, sino por la interrupción del transporte público a causa de las protestas. En ese instante, la burbuja del consumismo estalló; el sueño terminó y la realidad se impuso.

Mientras una minoría se indignaba por el marcador, la mayoría del país lo hacía por razones estructurales: maestros con salarios de miseria y la complicidad de la FIFA con los Estados organizadores para desviar fondos públicos hacia corporaciones transnacionales. Un mundial que se promociona como el más caro de la historia (13,900 millones de dólares) obliga a Estados como el mexicano a gastar millones en infraestructura, presupuesto que hoy el pueblo reclama. Y los directores técnicos estatales no hacen los cambios necesarios. Tarjeta roja para esta administración.

En cuanto a los presupuestos de Estados Unidos y Canadá, su derroche en este Mundial resulta obsceno. Son potencias que han edificado su bienestar sobre el saqueo del Sur Global, actuando como verdaderos parásitos del mercado. ¿Cómo pueden justificar tal gasto cuando en EE. UU. hay 40 millones de personas en la pobreza? ¿O cómo ignorar a las más de 1,500 mineras canadienses que hoy contaminan territorios desde Chile hasta el río Nangaritza en Ecuador? No son ajenos a la crisis; son, en esencia, quienes la provocan. Juegan al borde del reglamento y el árbitro global lo sabe. Vamos de vuelta a la videoasistencia de la justicia histórica. Decisión final: tarjeta roja para al imperialismo.

Es indignante ver cómo 13,000 millones de dólares se destinan al entretenimiento. Mientras en México las madres buscadoras exigen respuestas y el Estado indolente les da la espalda. Ni un minuto de hidratación para estás agotadas luchadoras sociales.

El Mundial distrae, eso no cabe duda, pero lo peligroso es que el espectáculo sea utilizado para desviar la atención mientras se aprueban leyes y presupuestos en contra de las mayorías. Los ricos del mundo modifican los reglamentos de juego a favor de ellos una y otra vez.

La indignación crece al ver que personajes como Donald Trump reciben el premio ‘FIFA de la Paz’ de manos de un servil como Gianni Infantino. La FIFA, que excluyó a Rusia en 2022 por «invadir» Ucrania, mantiene una doble moral inaceptable al permitir que Estados invasores y expoliadores compitan impunemente. Mientras se castiga a unos, se protege a otros como Israel y Estados Unidos, cuyos gobiernos basan su riqueza en el despojo, la ocupación y la muerte. Si el precio de participar en esta fiesta mediática es la complicidad con el genocidio, nosotrxs, desde el Sur Global, decimos: no lo queremos. Preferimos seguir jugando en posición adelantada. No podemos ser cómplices de un espectáculo que blanquea la violencia mientras nos pide que miremos a otro lado. No podemos ser ese hincha que solo asiste para la foto y la bebida. Hay que cuestionar lo que está mal dentro del deporte que tanto disfrutamos.

La realidad de los desposeídos en México, Canadá y EE. UU. no es ajena a la de Ecuador. Mientras el presidente Daniel Noboa abandona el país para asistir al Mundial, Ecuador sigue sumido en la violencia y el abandono de los servicios de salud, incumpliendo plazos y promesas. Seguimos jugando de visitantes en nuestro propio territorio, entregado a capitales extranjeros y empresas multinacionales.

Compañerx, nadie pide que renuncies al entretenimiento, pero te invitamos a no perder de vista los problemas locales y globales. No permitas que el espectáculo te manipule. Si las corporaciones quieren ganancias, que las obtengan con dinero propio y no con fondos públicos. Usemos el ruido y las cámaras de este Mundial para amplificar nuestras denuncias. Mientras dure la fiesta, que se agrande el malestar.

A Organizar la Rabia
¡Aquí están lxs Antifascistas!

29 de mayo de 1969: Más allá de la Casona, la sangre estudiantil sigue manchando el asfalto

El día del estudiante ecuatoriano no nació de ninguna voluntad gubernamental, ni en los salones de las “redentoras” ONGs, ni en los acuerdos de una dirigencia estudiantil que hoy negocia su próxima candidatura. Este día nació en 1969, cuando lxs estudiantes (sin pedir permiso) salieron a las calles para romper las barreras del examen de ingreso y exigir el acceso libre y democrático a la educación superior. Ese día, el estudiante ecuatoriano no pidió diálogo; exigió justicia con el cuerpo, con la voz y con la convicción de quienes saben que la educación es un derecho de todxs y no un privilegio de pocxs.

Pero la historia del estudiante ecuatoriano no terminó en 1969. En los últimos 30 años, esa llama combativa ha seguido ardiendo en las calles, en los barrios, en los colegios y en las universidades. No se trata solo del estudiante que busca una reforma académica; hablamos del sujeto crítico, aquel que entiende que su lucha en el aula es inseparable de la lucha de su barrio, de su familia y de su comunidad. Es aquel que sale a las calles, a veces con la cara tapada y las piedras en las manos, no por gusto, sino porque sabe que el Estado responde con plomo a las demandas justas.

Por nuestros muertos: Ni un minuto de silencio

No olvidamos a quienes el Estado decidió silenciar con la muerte en su afán de imponer modelos que solo beneficiaban a las élites:

  • Juan Carlos Luna (19 años): Estudiante del Colegio Juan Montalvo de Quito. En enero de 1995, el país se encontraba bajo el asedio del gobierno neoliberal de Sixto Durán-Ballén, quien impulsaba una privatización generalizada. La imposición de la llamada Ley de Libertad Educativa de las Familias, que obligaba a la enseñanza religiosa en colegios laicos, fue el detonante. Sin embargo, el fondo era la lucha contra el desmantelamiento del Estado y el alza de pasajes. En los predios de la Universidad Central, Juan Carlos fue asesinado por un oficial de policía que le disparó en el pecho a corta distancia con una bala «dun-dun», diseñada para explotar en el interior del cuerpo. El gobierno intentó ocultar la evidencia y culpar a sus propios compañeros.
Madre de Juan Carlos Luna junto a su retrato en homenaje In Memorian, foto colocada en la Biblioteca del Colegio Juan Montalvo
  • Verónica Burbano (17 años): Estudiante del Colegio UNE, Quito. El septiembre de 1995, el país vivía un clímax de indignación. El gobierno pretendía privatizar el IESS a través de una Consulta Popular, recortar el presupuesto educativo y mantener una agenda de alzas en el costo de la vida. Además, la huida del vicepresidente Alberto Dahik por corrupción había roto la moral del régimen. Verónica, en medio de las movilizaciones contra esta agenda neoliberal, se encontraba en el sector de Luluncoto, cerca del Colegio Montúfar. Un vehículo antimotines se detuvo frente a los condominios;un policía disparó un proyectil lacrimógeno directo a su cabeza, causándole una fractura-hundimiento de cráneo. El Estado lo llamó un «hecho imprevisto», nosotros lo llamamos ejecución.
  • Freddy Arias (22 años): Dirigente estudiantil. Murió el 16 de noviembre de 1995 en Quito. Su asesinato ocurrió durante el paro nacional convocado por estudiantes, trabajadores y el movimiento indígena contra la Consulta Popular de privatizaciones. Freddy Arias o Jonás ,como era conocido en el combate callejero, al finalizar una jornada de lucha fue perseguido dentro del campus de la Universidad Central por un civil armado, Javier Meló, quien le disparó a quemarropa en el abdomen. Meló confesó que el arma le fue entregada por Raúl Zarate, soldado de la FAE, tras recibir instrucciones de un coronel de la misma fuerza. Su muerte fue un intento de descabezar un movimiento estudiantil que estaba logrando derrotar las políticas antipopulares.

Canción a Jonas, seudónimo que usaba Freddy Arias en la lucha popular

  • Damián Peña (16 años): Estudiante de secundaria en Cuenca. El 11 de enero de 2002, las calles ardían contra el gobierno de Gustavo Noboa, quien decretó alzas drásticas en el precio de los combustibles y el gas doméstico, encareciendo la vida del pueblo. Damián, tras una jornada deportiva, se unió a las protestas que eran brutalmente dispersadas por la policía en los alrededores de la Universidad Estatal de Cuenca. Recibió un impacto de bala en la frente. Pablo Inga Aguirre fue señalado en las investigaciones por su participación en la represión de esa jornada; hoy, en un insulto a la memoria, ostenta el grado de Coronel del Distrito Cuenca Norte de la Subzona Azuay.
  • Johnny Montesdeoca (17 años): Estudiante del Colegio Sudamericano de Cuenca. El 6 de abril de 2006, bajo el gobierno de Alfredo Palacio, el país enfrentaba un levantamiento popular contra el TLC con EE. UU. y por la caducidad del contrato con la petrolera Oxy. Mientras se manifestaba frente a la Universidad de Cuenca, Johnny recibió un disparo en la espalda que le atravesó el pulmón y la aorta. La policía, intentando evadir su responsabilidad, sostuvo que fueron guardias de seguridad bancaria, pero los casquillos recuperados fueron de dotación oficial.
  • Edison Cosíos (17 años): Estudiante del Colegio Mejía de Quito. El 15 de septiembre de 2011, en el gobierno de Rafael Correa, durante las protestas contra el «Bachillerato Unificado» (una reforma impuesta sin consenso) el teniente de Policía, Hernán Salazar le disparó una bomba lacrimógena directo a la cabeza. Su muerte, años después, fue el desenlace de la brutalidad de un sistema que, bajo el llamado «progresismo», no dudó en criminalizar, encerrar y torturar a estudiantes que defendían su derecho a la educación pública y crítica.

Toda un vida de combate

A lo largo de estos 57 años,  el movimiento estudiantil ha servido como muro de contención contra las políticas neoliberales y contra el autoritarismo, incluso el de aquellos gobiernos que, bajo el rótulo de «progresistas», no dudaron en criminalizar, encerrar y torturar a quienes defendían la educación pública. El poder ha buscado incesantemente, mediante la persecución, domesticar nuestra rebeldía. Y aunque a veces parece que lo lograron, la llama sigue encendida con el único combustible capaz de sostener nuestra dignidad: la memoria. No esa memoria aséptica que la reforma y la academia intentan vendernos, sino la memoria viva, la que nombra a nuestros caídos y reivindica sus causas.

Hoy, cuando los pasillos de las universidades se llenan de «dirigentes» que preparan su hoja de vida para saltar convenientemente a un cargo que les permita administrar nuestras miserias o apaciguar nuestra rabia, es más necesario que nunca volver la vista atrás. No necesitamos más estudiantes de lobby, ni representantes de cartón que negocian nuestra lucha a cambio de migajas. La verdadera memoria combativa le pertenece a quien estuvo en la calle con o sin el rostro cubierto, a quien resistió la represión, a quien no negoció sus principios y a quien comprendió que su destino está atado a la suerte del pueblo.

Recordar este 29 de mayo es, sobre todo, la renovación del juramento frente a los nombres de Juan Carlos, Verónica, Freddy, Damián, Johnny y Edison. Es la reafirmación de que nuestra lucha no es para gestionar el sistema, sino para transformarlo. No queremos el mundo que la hegemonía nos ofrece. No queremos sus migajas, queremos el derecho innegociable a decidir nuestro futuro.

Que cada piedra lanzada, cada lágrima derramada por nuestros compañeros y cada cicatriz de esta resistencia sea el motor de nuestra rebeldia. Seguiremos saliendo a las calles, seguiremos siendo sujetos de transformación y, sobre todo, no permitiremos que la historia sea escrita (ni traicionada)  por quienes hoy pretenden capitalizar la sangre de nuestros caídos para asegurar su propia comodidad.


Por nuestrxs muertxs, ni un minuto de silencio
Por los estudiantes que abrieron el camino, la lucha continúa
Aquí están lxs antifascistas

** Poesia Militante

Universidad Pública
por: Gabriel Molina

Universidad Pública, te estoy hablando a ti y a nadie más.
Abriste la puerta
Marcaste el camino.


Le enseñas,
a quien lo aprecia,
lo infinito y pequeño del número.
Lo complejo y profundo de las formas y el pensamiento abstracto.
La rebeldía del libre pensamiento.


Universidad Pública, los gobiernos de turno se levantan contra ti,
Los ricos del mundo se levantan contra ti,
Siempre son ellos,
Ellos y sus ganas de privatizarlo todo,
de ganar más.


Sus sueños de eficiencia presupuestaria quieren sumir a las masas en la ignorancia.
Pero tú resistes, tienes corazón,
Formas disidentes,
Traes refuerzos.


Sabes que «si el enemigo vence, ni los muertos estarán a salvo».

1° de Mayo 2026: nuestra evaluación [FOTOS]

Este 1ro de Mayo, no fue un desfile más, sino la culminación momentánea de meses de construcción colectiva de un monigote que ilustra lo denigrados que nos tienen como pueblo. Hicimos sátira de la sumisión consentida del presidente Daniel Noboa al dominio del gringo Donal Trump, así como a los intereses armamentistas y totalitarios de las élites criminales y despiadadas a las que ambos representan.

Para las y los antifascistas, el largo proceso de diálogo, debate y decisión fue lo más importante porque lanzarse a plasmar una escena BDSM y homoerótica de presidentes, si así se les puede llamar, en un contexto sociopolítico que anula la libertad a punta de estados de excepción, que persigue y desaparece organizaciones sociales, que tranza con el crímen organizado y que sigue plagada de moralismos judeocristianos en torno a la sexualidad y afectividad era exponerse a miradas persecutas que actúa como enfermedad autoinmune a punta de señalamientos morales sobre lo que es políticamente correcto o no.


Aún así, quienes somos parte de Acción Antifascista Ecuador, decidimos, como siempre, incomodar; porque eso necesita el poder, ser incomodado y expuesto. Canalizamos nuestra rabia e impotencia en este proceso que nos retó logísticamente y que, hacia la externa, importunó y sin lugar a duda llenó varios corazones de un poco de esperanza y voluntad de resistencia. El 1ro de Mayo crecimos, nos unimos y nos organizamos más porque nunca hemos visto a esta fecha como la oportunidad de figurar para la foto o para medir qué organización arrastra más gente en un despliegue de egos que, a menudo, nos parecen estériles.

El proceso de construcción colectiva, fue así: meses atrás, empezamos financiando la jornada con un evento autogestionado y desde entonces, cada juntada en nuestro local, el Ateneo Popular y Antifascista, ha sido un ejercicio de aprendizaje orgánico. No somos expertxs, somos compañerxs que se esfuerzan por poner en acción lo que creen y quieren comunicar, volcando los saberes individuales al pozo común del colectivo. Organizar, planificar cada paso, medir riesgos, definir responsabilidades y avanzar: esa es y fue nuestra tarea.

Decidimos, desde ese momento, que la agitación y propaganda, este año, tomaría la forma de un monigote de tres metros. Donald Trump, la sombra protofascista, dominando a Daniel Noboa, el niño rico narcobananero que administra este país como si fuera su hacienda privada. Los dos, en un juego BDSM que con arneses y mordazas ejemplificaba la sumisión absoluta del capital local ante el imperio. Mientras lo armábamos, la imagen nos llenaba de náusea al saber que es la realidad que vivimos y de orgullo porque fue fruto del trabajo por placer, algo casi imposible en este sistema capitalista.

Así fue como, el 1ro de Mayo marchamos con rabia organizada, una rabia masticada en cada fin de semana donde, entre engrudo y cartón, soltamos los problemas laborales, las explotaciones diarias y la angustia de ver cómo el arriendo y la comida se vuelven lujos difíciles de pagar. Ver este muñeco gigante cobrando forma era la demostración tangible de que solo en lo colectivo habrá una salida y que sí es posible. Cada día de trabajo orgánico, reafirmó nuestra convicción de que no hay futuro en la institucionalidad ni en la democracia burguesa y que si más grupos de gente se unieran en autonomía articulada, los que nos gobiernan jamás podrían seguir denigrándonxs.

A las juntadas, unxs llegaban reventadxs tras turnos de velada, otxs cansadxs tras mañanas de limpieza y cuidado del hogar y otrxs insolados después de sostener los entrenamientos populares en la mañana. Aún así, todxs llegábamxs dispuestxs a quedarnxs hasta la noche pasando el rato, construyendo y pintando el monigote. Y ahí vivimos, lo bacán de estar organizadxs: que las penas entre dos, entre tres, son más llevaderas y que entre risa y reflexión, nos permitimos soñar con tomar el cielo por asalto y acabar con la explotación.

Pero la realidad vivida también nos devolvía al piso rápido pues cada uno de nosotrxs comparte aula, oficina o barrio con esquiroles que, por miedo, desconocimiento o puro conformismo, no están dispuestos a defender sus derechos y son los primeros en señalarnos cuando alzamos la voz. Compartimos marcha con gente que ve al 1ro de Mayo como un desfile, un feriado o una oportunidad para que los caudillos de la socialdemocracia y el progresismo financiado por ONGs internacionales saquen a pasear su vanidad. Esa visión es una cáscara vacía y repudiamos la acción de salir a figurar y a que les tomen fotos para el currículum,  pues hay quienes forjan contrarrevoluciones desde sus académicos escritorios.

Nosotrxs, las y los militantes de Acción Antifascista, salimos porque entendemos que la teoría, si no se vuelve cuerpo en la calle, no es más que letra muerta. Quizás por eso, el día de la marcha, al salir del Ateneo, ya nos esperaban los policías para el «control rutinario». «Documentos en mano y me abren las mochilas, contra la pared», exclamó el policía. No nos sorprendió; agentes de civil llevaban días rondando el local. Es el precio que se paga por decidir enfrentar a la estructura y por salir de la norma. Pero salimos. Salimos a la calle con autonomía y autogestión, con independencia de clase; no para ser vanguardia de nadie, sino para gritar juntxs que hay alternativa y que queremos pelear por nuestros derechos.

Al llegar al punto de concentración, el bloque antifascista se activó orgánicamente: unxs vendían banderas y pañuelos para sostener económicamente las impresiones del volante y los gastos extras del monigote; otrxs compañerxs sumaban a lxs que iban llegando; otrxs repasaban consignas con el megáfono; muchxs repartían los volantes que explicaban el por qué de ese gran muñeco de Trump y Noboa. Y, por supuesto, estaban quienes cuidaban el bloque con mirada atenta, porque para nosotrxs la seguridad y la autodefensa son pilares fundamentales.

Avanzamos a paso lento por la avenida 10 de Agosto hasta conectar con la Guayaquil, adentrándonos en el centro. Nuestro bloque tenía banda sonora propia: el acordeón tocando «A la huelga» de Rolando Alarcón, seguido de las «Coplas de la Huelga» de Jaime Guevara. Intentamos sostener el pulso entre cantos y consignas, pero el ruido ensordecedor de las batucadas, que a menudo opacan los gritos de reclamo de la gente, nos jugó una mala pasada esta vez. Una nota colectiva a evaluar para la próxima será: alejarse de las batucadas.

Aun así, entre explosivos y bengalas de humo, gritamos nuestras arengas. Arengas propias, buscando salir del cliché, de esas que dicen «hay que estudiar, hay que estudiar, el que no estudia es policía nacional». Nos parece clasista esa visión, como si la gente que no estudia debiera hacerse chapa o fuera menos valiosa. Lxs represores estudian, de eso no hay duda; y los odiamos precisamente porque no actúan por ignorancia, sino con conciencia de causa. Entonces gritamos «¡Feliz día del trabajador… será cuando acabe… la explotación!», o «¡No queremos… más fuerza policial… queremos medicinas en el hospital!». Al toparnos con una barricada de milicos, no desaprovechamos la oportunidad para increparlos por los cuatro niños de las Malvinas. No olvidamos ni perdonamos.

Llegamos a la Plaza de Santo Domingo, al final del trayecto, y como organización que se junta para actuar, y no como el activismo improvisado y buenista, cada unx asumió su tarea con orgullo. Unas compañeras jalaron la cinta de peligro para marcar el espacio; otrxs abrieron a la gente; otrxs prendieron las bombas de humo rojo y negro, nuestros colores, y las compañeras del megáfono nunca dejaron de arengar. Le dimos la vuelta al monigote de Trump y Noboa, deseando con cada parte del cuerpo que ese juicio popular fuera real, y les prendimos fuego y explosivos. Creemos que muchos sintieron nuestra satisfacción al verlos arder.

Así cerramos este 1ro de Mayo: fortalecidos y gritándole al mundo y a nosotrxs mismxs que la lucha apenas empieza, que el compromiso y la organización son el camino a la revolución. Pero, ante todo y sobre todo, que en lo colectivo y orgánico está la salida, que no pactamos con explotadores ni negociamos nuestra miseria. Nos retiramos con la certeza de que la lucha apenas empieza y que seguiremos actuando con rabia organizada en autogestión y sin migajear cargos públicos o cuotas de poder en partidos políticos.

Somos capaces de esto y más.
Que tiemblen lxs poderosos.
Aquí están lxs antifascistas.

 

 

Crisis en el transporte público: El campo de batalla que la burguesía nos obliga a pagar

Lo que hoy vive el Ecuador y con especial énfasis en Quito con el recorte de la jornada laboral de los transportistas no es una simple crisis de pasajes; es la puesta en escena de un chantaje sistémico. Por un lado, un Gobierno Central que, bajo el dictamen del capital transnacional y el FMI, ha decidido que el pueblo debe «pagar lo que cuesta» el combustible, eliminando los subsidios que sostenían el frágil equilibrio de la economía popular. Por otro lado, una élite transportista que, si bien es golpeada por el costo de los insumos, históricamente ha operado como una patronal precarizadora: recibe dinero público sin ofrecer jamás un servicio digno y hoy utiliza al usuario como escudo humano para blindar su tasa de ganancia.

La estrategia maniquea de «lanzar la pelota» entre el Estado Central y los Municipios es una distracción calculada. Mientras los alcaldes se escudan en la «falta de competencias» y el Gobierno en la «liberación de precios», el resultado es la parálisis de la clase trabajadora. No es ineptitud, es gestión neoliberal del conflicto: fragmentan la responsabilidad para que el enemigo se vuelva invisible. Al final, quien se queda a pie a las ocho de la noche no es el burócrata del Ministerio ni el dueño de la cooperativa de buses que duerme en urbanización privada; es la masa laboral que sostiene el país con su fuerza de trabajo.

En nuestro debate surge una verdad incómoda: ¿quién es el enemigo? Es fácil descargar la rabia contra el chofer que opera la unidad, pero culpar a la «panadería por subir el pan» cuando el trigo lo controla un monopolio es desviar el objetivo. Sin embargo, no cabe romanticismo con la patronal del transporte. Esos «dueños de las decisiones» son quienes mantienen a los conductores sin seguridad social, bajo jornadas extenuantes y en unidades que son trampas mortales. La lucha de clases aquí se manifiesta en tres frentes: el Estado contra el pueblo, la patronal contra el usuario, y el capitalista contra el trabajador del volante.

Ante este secuestro, la reflexión no debe ser cuánto estamos dispuestos a pagar, sino cuánto estamos dispuestos a tolerar. Mientras el transporte sea una mercancía en manos de élites burguesas y una ficha de ajedrez electoral para los políticos de turno, el pueblo será el rehén.

La salida no vendrá de un decreto técnico ni de una promesa de campaña. La solución germina en reconocer que la comunidad organizada es el único contrapeso real ante una casta que se regocija en el privilegio mientras nosotros caminamos a casa. Es momento de dejar de ser pasajeros de nuestra propia miseria para convertirnos en los conductores de nuestra resistencia colectiva. La movilidad es un derecho, no el botín de guerra de sus pugnas interburguesas.

Sube el IVA, sube la gasolina: respondamos con combate y decisión.

El 0.1% más rico del país sigue acumulando riqueza a nosotrxs nos exprimen hasta la sangre. La semana pasada nos clavaron el IVA en los productos de primera necesidad bajo la orden directa del FMI, dejando al pueblo ecuatoriano sin el derecho a una alimentación digna.

Nos quieren ver la cara de tontxs con el pretexto de los costos de guerra imperialista, pero la verdad es que nos están pasando la factura del sistema de bandas. Un sistema que nos metieron a traición en mayo de 2020, aprovechando que el pueblo estaba encerrado por la pandemia, para burlar lo que se había ganado en las calles en octubre de 2019.

Hagamos memoria para que no nos engañen con tecnicismos:

    • Lenin Moreno (2020): Nos engañaron fijando la gasolina en $1.48 para que aceptáramos el sistema de bandas.
    • Con el ajuste de Noboa (2024): El precio subió a $2.46.
    • Hoy (Abril 2026): la extra rompe el récord histórico y alcanza los $3.04.

Y no olvidemos el diésel, la sangre que mueve nuestros buses y campos. En septiembre de 2025 nos dieron el zarpazo: de $1.80 lo subieron a $2.80 sin asco.  Hoy con sus bandas y sus guerras ya roza los $2.96.

¡En pocos años nos han duplicado el precio mientras los sueldos siguen estancados!

¿Hasta cuándo, padre Almeida? A esta altura de la historia ya no es un «hasta aquí», es un reto directo hasta destruir a la clase trabajadora. Las medidas para beneficiar a la banca y a las corporaciones no paran; la canasta básica roza los $900 y ya ni dos trabajos alcanzan para vivir.

¿Hasta cuándo lxs de a pie seguiremos pagando los destrozos que ocasionan multimillonarios pedófilos? La indiferencia es un mal global, pero el hambre es local y duele hoy.

Conversarlo y analizarlo ya no es suficiente. Las políticas de miseria se frenan con la organización y combate.

No a las guerras imperialistas.
Quienes las generan, que paguen sus costos.
A prepar la ofensiva popular

EL IVA AL MESA: el hambre como política de estado.

La administración de la Corporación Noboa y su brazo ejecutor Alexandra Navarrete, ex gerenta tributaria de Exportadora Bananera Noboa. han oficializado lo que en los barrios ya se sentía: el derecho a comer ha sido gravado con el 15% de IVA. Bajo el disfraz de una «circular aclaratoria», el Estado ha redefinido la naturaleza misma de los alimentos para arrancar más dinero de los bolsillos empobrecidos y entregarlo a las arcas del capital financiero internacional.

Con el argumento de un «error técnico», se produce esta metida de mano al bolsillo de los ecuatorianos. Al declarar que cualquier proceso de conservación o mejora convierte al alimento en un «producto procesado», el Gobierno ha sentenciado a más de 60 productos de consumo básico al impuesto del 15%.

      • Leche deslactosada, descremada o enriquecida: Necesidad básica para niños y ancianos con condiciones de salud que ahora tributa el máximo.
      • Carnes desmechadas, marinadas o precocidas; vegetales cortados o al vacío: El sistema castiga con el 15% a quien, tras una jornada extenuante, busca optimizar su escaso tiempo de vida.
      • Pan de molde, fideos instantáneos, café, pulpas de fruta y condimentos: El 15% se aplica a todo lo que permite que una familia sostenga el día a día.

Este no es un hecho aislado; es la culminación de una ofensiva que empezó en abril de 2024:

      1. Abril 2024: Subieron el IVA del 12% al 15% con la promesa de «seguridad». El resultado: 9,216 muertes violentas en 2025 y un país militarizado donde el narcocapitalismo sigue operando desde los puertos y los bancos.
      2. Liberalización de combustibles: Un golpe en cadena que encarece el flete del campesino y la percha de la verdulería, pulverizando el poder adquisitivo en cada esquina.
      3. Abril 2026: La canasta básica proyecta un costo de $838, dejando al salario básico de $480 como una broma de mal gusto.

Mientras el Gobierno presume de 12 mil millones de dólares en reservas internacionales y la banca privada celebra utilidades récord de 700 millones, el sistema público de salud colapsa al 54% de su capacidad.

El dinero existe, pero está secuestrado. Se guarda para garantizar el pago de una deuda externa ilegítima y para respaldar los negocios de la lumpen-burguesía (dueños de bancos y constructoras) que lavan el capital de sangre mientras el pueblo pone los muertos. No hay «falta de fondos», hay una transferencia violenta de riqueza desde tu plato hacia sus cajas fuertes.

A esto se suma que el Ministerio del Trabajo instauró jornadas de 10 horas sin recargos. Quieren un trabajador malnutrido por el IVA y agotado por la jornada; sin tiempo para estudiar, organizarse o rebelarse. Un cuerpo cansado es un cuerpo sumiso.

Las cifras frías de los economistas de televisión no llenan el estómago. La supuesta «seguridad» de los medios no detiene la extorsión en el barrio. El Estado ha dejado de ser un mediador para convertirse en el martillo de las corporaciones y el FMI.

Rechazamos tajantemente la implementación del IVA a los alimentos básicos; no hay «aclaración técnica» que valga cuando el resultado directo es el hambre y el saqueo de las economías populares.

Frente al saqueo estatal, nuestra respuesta es la desobediencia económica organizada. Llamamos a construir una autonomía real fortaleciendo los mercados populares y las redes de abastecimiento directo: cada moneda que circula entre trabajadores es una moneda que se le resta a la maquinaria fiscal del hambre. Es imperativo romper la cadena de dependencia con los grandes supermercados, que actúan como recaudadores del Estado y especuladores del consumo. Construir soberanía alimentaria hoy es la forma más directa de boicotear el poder financiero que intenta asfixiarnos; si el Estado impone el impuesto a nuestra mesa, nuestra clase responde retirando su capital de sus circuitos de control.

¡A calentar las calles, elevar la agitación y preparar la ofensiva popular!

ABAJO EL DECRETO 059: Este 13 de marzo, a las calles.

A quienes sostienen la fábrica, el campo, el hospital, la oficina y el hogar; a quienes inventan el pan cada día en la calle; a lxs que tienen un contrato y a lxs que sobreviven en la precariedad de la informalidad:

Harold Burbano, actuando como un peón más en el tablero de Noboa y el FMI, no solo ha firmado una sentencia contra la clase obrera, sino que ha escupido sobre la memoria de aquellos mártires del 15 de noviembre de 1922 que cayeron para conquistar la jornada de ocho horas. Hoy, con una pluma servil a las cámaras de comercio, se pretende reinstaurar la servidumbre mediante el Acuerdo Ministerial MDT-2026-059.

Bajo el disfraz de «eficiencia» y «dinamismo», este sistema permite que la patronal disponga de tu vida a su antojo. No es flexibilidad, es robo salarial institucionalizado. Al permitir que las 40 horas semanales se distribuyan de forma irregular en jornadas de hasta 10 horas diarias , el patrón te exprime dos horas extra cada día sin soltar un solo centavo de recargo suplementario, «compensándote» con un tiempo libre que él decide cuándo darte. Te roban el valor de tu tiempo de descanso diario y lo convierten en ganancia limpia para la burguesía.

La supuesta «libertad» de aceptar estos horarios es la mentira más perversa. Se nos habla de un consentimiento que en la práctica es una emboscada: el requisito de negociar se evapora si el horario ya consta en el Reglamento Interno de Trabajo. Ese documento, redactado unilateralmente por el patrón, es aceptado por el trabajador no por voluntad, sino bajo coacción. Al adherirse a este reglamento sin posibilidad de debate, el trabajador entrega su vida a una jornada extenuante simplemente porque así lo dicta un papel que «aceptó» para no quedar en la calle

A este engaño se suma la rendición del Estado ante el capital: si el Ministerio no se pronuncia en diez días sobre una solicitud de horario especial, la ley otorga una aprobación automática por silencio administrativo. Han quitado los pocos frenos que contenían la voracidad del patrón, dejando al trabajador en una indefensión absoluta. La ley ha dejado de ser un escudo para la clase obrera y se ha convertido en el mazo que el verdugo utiliza para quebrar nuestra resistencia física y organizativa.

Peor aún, utilizan a nuestra juventud como carne de cañón para este experimento de precarización. Bajo la promesa de «primera experiencia laboral», el Ministerio priorizará a las empresas que impongan estos horarios a jóvenes de entre 18 y 29 años. Quieren una generación que crezca creyendo que no tener vida propia es el precio de tener un empleo.

No faltará quienes, apoyados en cifras frías, digan que esto solo afecta a una minoría. Es una trampa. La regresión de derechos es una marea que, cuando sube para los de arriba, ahoga más rápido a los de abajo. Si se normaliza la jornada de 10 horas y la disponibilidad total en el sector formal, el techo de dignidad se desploma para todos. Al robarnos el tiempo, nos roban la posibilidad de pensar, de estudiar y de organizarnos. Un trabajador agotado solo tiene fuerzas para sobrevivir, nunca para rebelarse.

Frente a la prepotencia de este Acuerdo y la guerra declarada contra el pueblo trabajador, no responderemos con flores, sino con fuerza organizada. No permitamos que la prisa rompa la paciencia de la estrategia; sigamos levantando trincheras de lucha y tejiendo las redes necesarias para sostener el golpe.

Abajo el Acuerdo Ministerial MDT-2026-059
Ni humilladxs ni precarizadxs
¡Trabajadorxs organizadxs!

8 de marzo de 2026: A nuestras hermanas de clase

Este 8 de marzo, mientras las vitrinas se tiñen de un violeta inofensivo y las instituciones intentan convencernos de que nuestra libertad cabe en un cupo de poder o en una cuota laboral, nosotras alzamos la voz desde la rabia organizada. No venimos a pedir permiso ni a celebrar una «femineidad» abstracta. Venimos a poner sobre la mesa la verdad que el sistema intenta maquillar: la opresión que cargamos no es solo un rezago cultural, es el engranaje que aceita la maquinaria del Capital.

En Ecuador, donde la precariedad es la norma y no la excepción, la «informalidad» no es una opción, es una condena. Nos mantienen agotadas, saltando entre el empleo precarizado y la autoexplotación, para que al llegar a casa —esa otra fabrica sin salario ni descanso- no nos quede aliento para organizarnos ni fuerza para el puño. Nos han vendido que el cuidado es «amor» o «instinto» para ahorrarle al Estado miles de millones en servicios sociales, mientras ese mismo Estado usa el dinero para engordar a la policía que mañana nos reprimirá en el barrio. Debemos decirlo con claridad: el cuidado sin capacidad de autodefensa y ataque no es más que servidumbre con otro nombre.

Entendemos las contradicciones que llevamos en el cuerpo. Sentimos el miedo, ese «seteo cerebral» que nos susurra que somos vulnerables y nos hace retroceder ante la bota del patrón o el grito del marido. Ese miedo es real, es un trauma heredado de linajes de silencio, pero la vulnerabilidad no es debilidad. Nuestra historia está escrita por guerrilleras, huelguistas y estrategas que convirtieron su ira en una herramienta política. La verdadera sororidad no es una alianza de cristal entre la empresaria y la obrera; es la solidaridad de clase. No tenemos nada en común con la mujer que nos explota desde una oficina, una curul o una ONG que lucra con nuestra miseria. Sus «logros» de gestión son las cenizas de nuestra lucha colectiva.

Hacemos un llamado a recuperar nuestra naturaleza guerrera. Ser «doblemente revolucionarias» hoy significa llevar la práctica insurrecta a lo cotidiano: romper el pacto patriarcal en nuestras propias organizaciones y dejar de delegar la fuerza a los compañeros varones por una falsa creencia de fragilidad. La autodefensa es un deber y lucha una necesidad. Necesitamos redes de autogestión que alivien el peso del hogar, no para descansar y seguir produciendo, sino para tener el tiempo de formarnos, conspirar y crear la nueva sociedad que llevamos en nuestros corazones.

Cualquier feminismo que no cuestione la propiedad privada, que no señale al imperialismo y que se sienta cómodo en la democracia burguesa, es un feminismo que nos traiciona. Nuestra liberación será obra de nosotras mismas -de la madre obrera, de la joven que se niega a ser mercancía, de la trabajadora explotada o desempleada- o no será. Este 8 de marzo, que nuestra presencia en la calle no sea un desfile, sino un ejercicio de soberanía y una declaración de guerra contra el sistema que nos quiere calladas, cansadas y divididas.

Que caigan juntos, capitalismo y patriarcado
A despertar la furia revolucionaria de la mujeres
¡Aquí están las antifascistas!

Crecen las reservas internacionales, también los muertos en las calles

Hoy los medios de comunicación que se apegan a la agenda de los “empresarios” que gobiernan lo que queda de este país, informan como logro que las reservas internacionales del país han crecido. Según dicen, el monto hoy asciende a 12 mil millones de dólares, con una concentración de ese valor de un 35% en oro. Una cifra histórica.

Esto coincide ¿De forma extraña? Con un aumento, también histórico, de la violencia, la delincuencia y el narcotráfico. Esta no es una “coincidencia” menor, es el resultado de la implementación de la necropolítica y la agenda del FMI impuesta en Ecuador. Agenda internacional que nunca se fue, solo que hoy es tan profunda y frontal que no se puede ocultar.

Este crecimiento de las reservas internacionales no nos beneficia a lxs de a pie. Los únicos que ganan con ese “ahorro” son los empresarios, los banqueros locales, las corporaciones internacionales extractivistas y el capital financiero especulativo global. Qué ganamos nosotrxs, las masas, nada. Todo ese dinero, que es público, se guarda al servicio de los intereses de marionetas del imperialismo y el colonialismo.

Ese dinero, que es de una mayoría, es administrado por una minoría que no ve por nosotrxs, solo ve por sus negocios privados y sus ganancias millonarias. Mientras ese dinero descansa, como respaldo para más deuda con el FMI, los hospitales de Ecuador operan con un 54.3% de capacidad operativa, una cifra de muerte que está por debajo de la métrica internacional.

Esas reservas internacionales de las que el grupo Nobis presume no son más que riqueza inmóvil mientras el país se desangra; ese capital debería ser el motor para rescatar un sistema educativo en ruinas y frenar la deserción escolar que en 2025 expulsó a 72.644 estudiantes de las aulas. Combatir la inseguridad no requiere de planes con nombres de aves mitológicas, ni de seguir solapando a instituciones represivas que, como vimos en el Paro de 2025, solo sirven para disparar al pueblo o pactar con las mafias.

Para detener este baño de sangre diario y arrebatarle el territorio a las mafias, se necesita inversión real que transforme el tejido social, no solo militares y policías en las esquinas que no son parte de la solución, sino del problema. El Estado elige acumular cifras en lugar de garantizar acceso digno a salud, cultura y empleo no precarizado.

El 2025 quedó marcado como el año más violento de nuestra historia con 9.216 muertes, una tragedia con rostro de hombre joven que el narcotráfico ha canibalizado ante la ausencia de oportunidades. Esas reservas, tan históricas como dolorosas, deben dejar de ser un número en una cuenta para convertirse en la herramienta que detenga la guerra interna y devuelva la dignidad a lxs empobrecidxs del Ecuador que ya no aguantan más diagnósticos de escritorio.

Como se ve, la necropolítica neoliberal impuesta por el Fondo Monetario Internacional e implementada por Daniel Noboa Azin les funciona de maravilla. Ellos aseguran sus negocios (legales e ilegales) y ganancias en dólares y oro, mientras nosotrxs morimos en las calles.

No basta con indignarse, HAY QUE ORGANIZARSE.
¡A preparar la ofensiva popular!

Acción Antifascista, Ecuador 2026