La alegría que produce el triunfo en lo deportivo, o la tristeza y la rabia que genera la derrota, no siempre saca las mejores intenciones de la gente. O más bien, le quita el filtro a la convivencia entre iguales.

El pasado sábado 20 de junio 2026 la selección ecuatoriana de fútbol se enfrentó a su similar de Curazao. En partido válido por los 3 puntos y el pase a los 16vos de final del máximo torneo de fútbol: la copa mundial de la FIFA México, Canadá y EEUU 2026.

En un partido plagado de ocasiones para anotar a favor de Ecuador, la selección tricolor sudamericana no pasó del empate 0 – 0 ante los caribeños. Este marcador, que deja con pocas posibilidades de avanzar en el torneo a los ecuatorianos, sacó a flote los comentarios y burlas racistas hacia los jugadores.

Una de las víctimas de esos comentarios y ese “humor” es Enner Valencia, delantero de la selección ecuatoriana de fútbol desde 2013. Los comentarios que van desde “negros hp no saben jugar” hasta «bromas» que mandaban a los jugadores afrodescendientes a “vender cocadas o ser sicarios”. Que esos negros se vayan a Esmeraldas a vender cocadas». Como si esa fuera la única realidad del pueblo afro; como si las comunidades negras solo existieran en Esmeraldas. Como si, en una de las ciudades más peligrosas del mundo, ese fuera el destino inevitable para un joven de barrio, si es que el fútbol o un estudio en condiciones precarias no logran rescatarlo de las garras de los GDO. No sorprende, pero duele: atacan el color de la piel y la condición social para intentar invalidar un desempeño deportivo. Es tan limitado nuestro pensamiento que no tenemos otro argumento para decir que alguien es “malo” más que escupir su color de piel, su origen o su nacionalidad.

Este “humor” está tan normalizado, que la mayoría lo acoge sin cuestionar que, detrás de ese insulto, habla todo un sistema de colonización que sigue operando en nosotrxs mediante discursos que repetimos desde 1492.

Franz Fanon, un mijin que vivió en la Argelia ocupada por el imperialismo francés, en 1945, se dio cuenta de que el triunfo real de los colonizadores no fue solo masacrar y saquear. Su victoria maestra fue instalar sus discursos en la cabeza de los oprimidos. En una jugada cruel, los de abajo terminan aplastando a sus iguales con los mismos insultos que usaron para humillar a sus ancestros. Cuando dices “negro hp clava el gol”, un europeo opresor y colonizador está hablando por ti. Ellos van ganando el partido; ellos nos dicen cómo pensar y hasta cómo insultar.

Aparecerá un “genio” a decir: “generación de cristal”. No, no lo somos. Somos una generación que desea que los opresores dejen de hablar porque nosotrxs. Es tan difícil de entender. Molesta ver que discursos, aparecidos hace siglos, siguen operando en un puñado de oprimidos que no ubican al enemigo. Que humillan a sus compatriotas por sus limitaciones deportivas. Y no se indignan o insultan de la misma manera cuando el presidente de Ecuador se va al mundial con fondos públicos de todxs nosotrxs, «los longos y negros hpts», pisoteados y humillados por el poder de turno, POR LOS RICOS DE TURNO.

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