El día del estudiante ecuatoriano no nació de ninguna voluntad gubernamental, ni en los salones de las “redentoras” ONGs, ni en los acuerdos de una dirigencia estudiantil que hoy negocia su próxima candidatura. Este día nació en 1969, cuando lxs estudiantes (sin pedir permiso) salieron a las calles para romper las barreras del examen de ingreso y exigir el acceso libre y democrático a la educación superior. Ese día, el estudiante ecuatoriano no pidió diálogo; exigió justicia con el cuerpo, con la voz y con la convicción de quienes saben que la educación es un derecho de todxs y no un privilegio de pocxs.
Pero la historia del estudiante ecuatoriano no terminó en 1969. En los últimos 30 años, esa llama combativa ha seguido ardiendo en las calles, en los barrios, en los colegios y en las universidades. No se trata solo del estudiante que busca una reforma académica; hablamos del sujeto crítico, aquel que entiende que su lucha en el aula es inseparable de la lucha de su barrio, de su familia y de su comunidad. Es aquel que sale a las calles, a veces con la cara tapada y las piedras en las manos, no por gusto, sino porque sabe que el Estado responde con plomo a las demandas justas.
Por nuestros muertos: Ni un minuto de silencio
No olvidamos a quienes el Estado decidió silenciar con la muerte en su afán de imponer modelos que solo beneficiaban a las élites:
- Juan Carlos Luna (19 años): Estudiante del Colegio Juan Montalvo de Quito. En enero de 1995, el país se encontraba bajo el asedio del gobierno neoliberal de Sixto Durán-Ballén, quien impulsaba una privatización generalizada. La imposición de la llamada Ley de Libertad Educativa de las Familias, que obligaba a la enseñanza religiosa en colegios laicos, fue el detonante. Sin embargo, el fondo era la lucha contra el desmantelamiento del Estado y el alza de pasajes. En los predios de la Universidad Central, Juan Carlos fue asesinado por un oficial de policía que le disparó en el pecho a corta distancia con una bala «dun-dun», diseñada para explotar en el interior del cuerpo. El gobierno intentó ocultar la evidencia y culpar a sus propios compañeros.
- Verónica Burbano (17 años): Estudiante del Colegio UNE, Quito. Eln noviembre de 1995, el país vivía un clímax de indignación. El gobierno pretendía privatizar el IESS a través de una Consulta Popular, recortar el presupuesto educativo y mantener una agenda de alzas en el costo de la vida. Además, la huida del vicepresidente Alberto Dahik por corrupción había roto la moral del régimen. Verónica, en medio de las movilizaciones contra esta agenda neoliberal, se encontraba en el sector de Luluncoto, cerca del Colegio Montúfar. Un vehículo antimotines se detuvo frente a los condominios; un policía disparó un proyectil lacrimógeno directo a su cabeza, causándole una fractura-hundimiento de cráneo. El Estado lo llamó un «hecho imprevisto», nosotros lo llamamos ejecución.
- Freddy Arias (22 años): Dirigente estudiantil. Murió el 16 de noviembre de 1995 en Quito. Su asesinato ocurrió durante el paro nacional convocado por estudiantes, trabajadores y el movimiento indígena contra la Consulta Popular de privatizaciones. Freddy Arias o Jonás ,como era conocido en el combate callejero, al finalizar una jornada de lucha fue perseguido dentro del campus de la Universidad Central por un civil armado, Javier Meló, quien le disparó a quemarropa en el abdomen. Meló confesó que el arma le fue entregada por Raúl Zarate, soldado de la FAE, tras recibir instrucciones de un coronel de la misma fuerza. Su muerte fue un intento de descabezar un movimiento estudiantil que estaba logrando derrotar las políticas antipopulares.

Canción a Jonas, seudónimo que usaba Freddy Arias en la lucha popular
- Damián Peña (16 años): Estudiante de secundaria en Cuenca. El 11 de enero de 2002, las calles ardían contra el gobierno de Gustavo Noboa, quien decretó alzas drásticas en el precio de los combustibles y el gas doméstico, encareciendo la vida del pueblo. Damián, tras una jornada deportiva, se unió a las protestas que eran brutalmente dispersadas por la policía en los alrededores de la Universidad Estatal de Cuenca. Recibió un impacto de bala en la frente. Pablo Inga Aguirre fue señalado en las investigaciones por su participación en la represión de esa jornada; hoy, en un insulto a la memoria, ostenta el grado de Coronel del Distrito Cuenca Norte de la Subzona Azuay.





- Johnny Montesdeoca (17 años): Estudiante del Colegio Sudamericano de Cuenca. El 6 de abril de 2006, bajo el gobierno de Alfredo Palacio, el país enfrentaba un levantamiento popular contra el TLC con EE. UU. y por la caducidad del contrato con la petrolera Oxy. Mientras se manifestaba frente a la Universidad de Cuenca, Johnny recibió un disparo en la espalda que le atravesó el pulmón y la aorta. La policía, intentando evadir su responsabilidad, sostuvo que fueron guardias de seguridad bancaria, pero los casquillos recuperados fueron de dotación oficial.
- Edison Cosíos (17 años): Estudiante del Colegio Mejía de Quito. El 15 de septiembre de 2011, en el gobierno de Rafael Correa, durante las protestas contra el «Bachillerato Unificado» (una reforma impuesta sin consenso) el teniente de Policía, Hernán Salazar le disparó una bomba lacrimógena directo a la cabeza. Su muerte, años después, fue el desenlace de la brutalidad de un sistema que, bajo el llamado «progresismo», no dudó en criminalizar, encerrar y torturar a estudiantes que defendían su derecho a la educación pública y crítica.

Toda un vida de combate
A lo largo de estos 57 años, el movimiento estudiantil ha servido como muro de contención contra las políticas neoliberales y contra el autoritarismo, incluso el de aquellos gobiernos que, bajo el rótulo de «progresistas», no dudaron en criminalizar, encerrar y torturar a quienes defendían la educación pública. El poder ha buscado incesantemente, mediante la persecución, domesticar nuestra rebeldía. Y aunque a veces parece que lo lograron, la llama sigue encendida con el único combustible capaz de sostener nuestra dignidad: la memoria. No esa memoria aséptica que la reforma y la academia intentan vendernos, sino la memoria viva, la que nombra a nuestros caídos y reivindica sus causas.
Hoy, cuando los pasillos de las universidades se llenan de «dirigentes» que preparan su hoja de vida para saltar convenientemente a un cargo que les permita administrar nuestras miserias o apaciguar nuestra rabia, es más necesario que nunca volver la vista atrás. No necesitamos más estudiantes de lobby, ni representantes de cartón que negocian nuestra lucha a cambio de migajas. La verdadera memoria combativa le pertenece a quien estuvo en la calle con o sin el rostro cubierto, a quien resistió la represión, a quien no negoció sus principios y a quien comprendió que su destino está atado a la suerte del pueblo.
Recordar este 29 de mayo es, sobre todo, la renovación del juramento frente a los nombres de Juan Carlos, Verónica, Freddy, Damián, Johnny y Edison. Es la reafirmación de que nuestra lucha no es para gestionar el sistema, sino para transformarlo. No queremos el mundo que la hegemonía nos ofrece. No queremos sus migajas, queremos el derecho innegociable a decidir nuestro futuro.
Que cada piedra lanzada, cada lágrima derramada por nuestros compañeros y cada cicatriz de esta resistencia sea el motor de nuestra rebeldia. Seguiremos saliendo a las calles, seguiremos siendo sujetos de transformación y, sobre todo, no permitiremos que la historia sea escrita (ni traicionada) por quienes hoy pretenden capitalizar la sangre de nuestros caídos para asegurar su propia comodidad.
Por nuestrxs muertxs, ni un minuto de silencio
Por los estudiantes que abrieron el camino, la lucha continúa
Aquí están lxs antifascistas
** Poesia Militante
Universidad Pública
por: Gabriel Molina
Universidad Pública, te estoy hablando a ti y a nadie más.
Abriste la puerta
Marcaste el camino.
Le enseñas,
a quien lo aprecia,
lo infinito y pequeño del número.
Lo complejo y profundo de las formas y el pensamiento abstracto.
La rebeldía del libre pensamiento.
Universidad Pública, los gobiernos de turno se levantan contra ti,
Los ricos del mundo se levantan contra ti,
Siempre son ellos,
Ellos y sus ganas de privatizarlo todo,
de ganar más.
Sus sueños de eficiencia presupuestaria quieren sumir a las masas en la ignorancia.
Pero tú resistes, tienes corazón,
Formas disidentes,
Traes refuerzos.
Sabes que «si el enemigo vence, ni los muertos estarán a salvo».


