El estruendo de las botas gringas en Venezuela no es un eco de «libertad», es el crujido de la soberanía latinoamericana bajo el peso del capital transnacional. Desde esta trinchera popular y antifascista, lo decimos con claridad: el ataque de los Estados Unidos no es contra un gobierno, es contra una región entera y sus bienes comunes.
Vemos hoy a sectores del pueblo venezolano celebrando. Su hartazgo es legítimo; años de autoritarismo, corrupción y la deriva de un régimen que usó el nombre del pueblo para enriquecer a una casta militar han agotado la paciencia de las masas. Sin embargo, la historia no miente y la memoria es un arma: ¿a qué pueblo del mundo le ha traído bienestar una invasión estadounidense? Pregunten en las ruinas de Irak, en las fosas comunes de Libia o en las calles militarizadas de Afganistán. El imperialismo no exporta democracia; exporta cementerios, deuda y extractivismo. Quien hoy celebra el desembarco del invasor, sin saberlo, está celebrando las cadenas del mañana.
La retórica de Washington es la de siempre: «objetivos militares», «lucha contra el narcotráfico», «restauración del orden». Es la misma gramática que justifica el genocidio en Palestina, tildando de terrorista a cada niño bombardeado. Pero el objetivo real no son los cuarteles, sino las reservas de petróleo, los minerales estratégicos y el control geopolítico del continente. Debemos entender la naturaleza del enemigo que enfrentamos; tal como lo definió V. I. Lenin en su tesis fundamental:
«El imperialismo es la fase monopolista del capitalismo.»
— (Lenin, V. I., El imperialismo, fase superior del capitalismo, 1916).
Esta invasión es la respuesta violenta de un sistema que, en su agonía, necesita saquear recursos para sobrevivir. Hoy es el petróleo venezolano; mañana será el litio de Bolivia, Argentina y Chile; pasado mañana, el agua de nuestras selvas. Venezuela no es un caso aislado, es el laboratorio de una ofensiva que busca disciplinar a todo el continente.
Jamás hemos aplaudido la gestión de Maduro, alguien que traicionó las aspiraciones populares y gestionó la miseria en beneficio propio. Pero nuestra crítica interna al régimen no nos arroja a los brazos del enemigo histórico. La liberación de los pueblos será obra de los mismos o no será. Aceptar la intervención extranjera es aceptar que nuestras vidas son moneda de cambio en el tablero de los poderosos. No hay «atajos» militares que vengan de fuera para solucionar problemas que nos corresponden resolver en la calle y desde abajo.
El mundo se está reordenando bajo la bota de la necesidad económica de las potencias. Si permitimos que el asalto armado se naturalice en Sudamérica, ninguno de nuestros territorios estará a salvo. En el momento en que una política local no sea del agrado del Pentágono, los drones sobrevolarán nuestras casas. Basta de ingenuidad: estamos ante un saqueo planificado bajo la máscara de la ayuda humanitaria.
No estamos con el Maduro o el Chavismo, estamos con el pueblo trabajador que sufrirá las bombas, el hambre y el despojo. Estamos por la autodeterminación de los pueblos, no por la «paz» de los cementerios que ofrece el imperio. Hoy es Venezuela, mañana seremos nosotrxs si no somos capaces de despertar y organizarnos.
¡FUERA EL IMPERIALISMO DE LATINOAMÉRICA!
CONTRA EL SAQUEO Y LA AGRESIÓN COLONIAL
A PREPARAR LA OFENSIVA POPULAR
Acción Antifascista Ecuador
Enero 2026