EL IVA AL MESA: el hambre como política de estado.

La administración de la Corporación Noboa y su brazo ejecutor Alexandra Navarrete, ex gerenta tributaria de Exportadora Bananera Noboa. han oficializado lo que en los barrios ya se sentía: el derecho a comer ha sido gravado con el 15% de IVA. Bajo el disfraz de una «circular aclaratoria», el Estado ha redefinido la naturaleza misma de los alimentos para arrancar más dinero de los bolsillos empobrecidos y entregarlo a las arcas del capital financiero internacional.

Con el argumento de un «error técnico», se produce esta metida de mano al bolsillo de los ecuatorianos. Al declarar que cualquier proceso de conservación o mejora convierte al alimento en un «producto procesado», el Gobierno ha sentenciado a más de 60 productos de consumo básico al impuesto del 15%.

      • Leche deslactosada, descremada o enriquecida: Necesidad básica para niños y ancianos con condiciones de salud que ahora tributa el máximo.
      • Carnes desmechadas, marinadas o precocidas; vegetales cortados o al vacío: El sistema castiga con el 15% a quien, tras una jornada extenuante, busca optimizar su escaso tiempo de vida.
      • Pan de molde, fideos instantáneos, café, pulpas de fruta y condimentos: El 15% se aplica a todo lo que permite que una familia sostenga el día a día.

Este no es un hecho aislado; es la culminación de una ofensiva que empezó en abril de 2024:

      1. Abril 2024: Subieron el IVA del 12% al 15% con la promesa de «seguridad». El resultado: 9,216 muertes violentas en 2025 y un país militarizado donde el narcocapitalismo sigue operando desde los puertos y los bancos.
      2. Liberalización de combustibles: Un golpe en cadena que encarece el flete del campesino y la percha de la verdulería, pulverizando el poder adquisitivo en cada esquina.
      3. Abril 2026: La canasta básica proyecta un costo de $838, dejando al salario básico de $480 como una broma de mal gusto.

Mientras el Gobierno presume de 12 mil millones de dólares en reservas internacionales y la banca privada celebra utilidades récord de 700 millones, el sistema público de salud colapsa al 54% de su capacidad.

El dinero existe, pero está secuestrado. Se guarda para garantizar el pago de una deuda externa ilegítima y para respaldar los negocios de la lumpen-burguesía (dueños de bancos y constructoras) que lavan el capital de sangre mientras el pueblo pone los muertos. No hay «falta de fondos», hay una transferencia violenta de riqueza desde tu plato hacia sus cajas fuertes.

A esto se suma que el Ministerio del Trabajo instauró jornadas de 10 horas sin recargos. Quieren un trabajador malnutrido por el IVA y agotado por la jornada; sin tiempo para estudiar, organizarse o rebelarse. Un cuerpo cansado es un cuerpo sumiso.

Las cifras frías de los economistas de televisión no llenan el estómago. La supuesta «seguridad» de los medios no detiene la extorsión en el barrio. El Estado ha dejado de ser un mediador para convertirse en el martillo de las corporaciones y el FMI.

Rechazamos tajantemente la implementación del IVA a los alimentos básicos; no hay «aclaración técnica» que valga cuando el resultado directo es el hambre y el saqueo de las economías populares.

Frente al saqueo estatal, nuestra respuesta es la desobediencia económica organizada. Llamamos a construir una autonomía real fortaleciendo los mercados populares y las redes de abastecimiento directo: cada moneda que circula entre trabajadores es una moneda que se le resta a la maquinaria fiscal del hambre. Es imperativo romper la cadena de dependencia con los grandes supermercados, que actúan como recaudadores del Estado y especuladores del consumo. Construir soberanía alimentaria hoy es la forma más directa de boicotear el poder financiero que intenta asfixiarnos; si el Estado impone el impuesto a nuestra mesa, nuestra clase responde retirando su capital de sus circuitos de control.

¡A calentar las calles, elevar la agitación y preparar la ofensiva popular!

ABAJO EL DECRETO 059: Este 13 de marzo, a las calles.

A quienes sostienen la fábrica, el campo, el hospital, la oficina y el hogar; a quienes inventan el pan cada día en la calle; a lxs que tienen un contrato y a lxs que sobreviven en la precariedad de la informalidad:

Harold Burbano, actuando como un peón más en el tablero de Noboa y el FMI, no solo ha firmado una sentencia contra la clase obrera, sino que ha escupido sobre la memoria de aquellos mártires del 15 de noviembre de 1922 que cayeron para conquistar la jornada de ocho horas. Hoy, con una pluma servil a las cámaras de comercio, se pretende reinstaurar la servidumbre mediante el Acuerdo Ministerial MDT-2026-059.

Bajo el disfraz de «eficiencia» y «dinamismo», este sistema permite que la patronal disponga de tu vida a su antojo. No es flexibilidad, es robo salarial institucionalizado. Al permitir que las 40 horas semanales se distribuyan de forma irregular en jornadas de hasta 10 horas diarias , el patrón te exprime dos horas extra cada día sin soltar un solo centavo de recargo suplementario, «compensándote» con un tiempo libre que él decide cuándo darte. Te roban el valor de tu tiempo de descanso diario y lo convierten en ganancia limpia para la burguesía.

La supuesta «libertad» de aceptar estos horarios es la mentira más perversa. Se nos habla de un consentimiento que en la práctica es una emboscada: el requisito de negociar se evapora si el horario ya consta en el Reglamento Interno de Trabajo. Ese documento, redactado unilateralmente por el patrón, es aceptado por el trabajador no por voluntad, sino bajo coacción. Al adherirse a este reglamento sin posibilidad de debate, el trabajador entrega su vida a una jornada extenuante simplemente porque así lo dicta un papel que «aceptó» para no quedar en la calle

A este engaño se suma la rendición del Estado ante el capital: si el Ministerio no se pronuncia en diez días sobre una solicitud de horario especial, la ley otorga una aprobación automática por silencio administrativo. Han quitado los pocos frenos que contenían la voracidad del patrón, dejando al trabajador en una indefensión absoluta. La ley ha dejado de ser un escudo para la clase obrera y se ha convertido en el mazo que el verdugo utiliza para quebrar nuestra resistencia física y organizativa.

Peor aún, utilizan a nuestra juventud como carne de cañón para este experimento de precarización. Bajo la promesa de «primera experiencia laboral», el Ministerio priorizará a las empresas que impongan estos horarios a jóvenes de entre 18 y 29 años. Quieren una generación que crezca creyendo que no tener vida propia es el precio de tener un empleo.

No faltará quienes, apoyados en cifras frías, digan que esto solo afecta a una minoría. Es una trampa. La regresión de derechos es una marea que, cuando sube para los de arriba, ahoga más rápido a los de abajo. Si se normaliza la jornada de 10 horas y la disponibilidad total en el sector formal, el techo de dignidad se desploma para todos. Al robarnos el tiempo, nos roban la posibilidad de pensar, de estudiar y de organizarnos. Un trabajador agotado solo tiene fuerzas para sobrevivir, nunca para rebelarse.

Frente a la prepotencia de este Acuerdo y la guerra declarada contra el pueblo trabajador, no responderemos con flores, sino con fuerza organizada. No permitamos que la prisa rompa la paciencia de la estrategia; sigamos levantando trincheras de lucha y tejiendo las redes necesarias para sostener el golpe.

Abajo el Acuerdo Ministerial MDT-2026-059
Ni humilladxs ni precarizadxs
¡Trabajadorxs organizadxs!

8 de marzo de 2026: A nuestras hermanas de clase

Este 8 de marzo, mientras las vitrinas se tiñen de un violeta inofensivo y las instituciones intentan convencernos de que nuestra libertad cabe en un cupo de poder o en una cuota laboral, nosotras alzamos la voz desde la rabia organizada. No venimos a pedir permiso ni a celebrar una «femineidad» abstracta. Venimos a poner sobre la mesa la verdad que el sistema intenta maquillar: la opresión que cargamos no es solo un rezago cultural, es el engranaje que aceita la maquinaria del Capital.

En Ecuador, donde la precariedad es la norma y no la excepción, la «informalidad» no es una opción, es una condena. Nos mantienen agotadas, saltando entre el empleo precarizado y la autoexplotación, para que al llegar a casa —esa otra fabrica sin salario ni descanso- no nos quede aliento para organizarnos ni fuerza para el puño. Nos han vendido que el cuidado es «amor» o «instinto» para ahorrarle al Estado miles de millones en servicios sociales, mientras ese mismo Estado usa el dinero para engordar a la policía que mañana nos reprimirá en el barrio. Debemos decirlo con claridad: el cuidado sin capacidad de autodefensa y ataque no es más que servidumbre con otro nombre.

Entendemos las contradicciones que llevamos en el cuerpo. Sentimos el miedo, ese «seteo cerebral» que nos susurra que somos vulnerables y nos hace retroceder ante la bota del patrón o el grito del marido. Ese miedo es real, es un trauma heredado de linajes de silencio, pero la vulnerabilidad no es debilidad. Nuestra historia está escrita por guerrilleras, huelguistas y estrategas que convirtieron su ira en una herramienta política. La verdadera sororidad no es una alianza de cristal entre la empresaria y la obrera; es la solidaridad de clase. No tenemos nada en común con la mujer que nos explota desde una oficina, una curul o una ONG que lucra con nuestra miseria. Sus «logros» de gestión son las cenizas de nuestra lucha colectiva.

Hacemos un llamado a recuperar nuestra naturaleza guerrera. Ser «doblemente revolucionarias» hoy significa llevar la práctica insurrecta a lo cotidiano: romper el pacto patriarcal en nuestras propias organizaciones y dejar de delegar la fuerza a los compañeros varones por una falsa creencia de fragilidad. La autodefensa es un deber y lucha una necesidad. Necesitamos redes de autogestión que alivien el peso del hogar, no para descansar y seguir produciendo, sino para tener el tiempo de formarnos, conspirar y crear la nueva sociedad que llevamos en nuestros corazones.

Cualquier feminismo que no cuestione la propiedad privada, que no señale al imperialismo y que se sienta cómodo en la democracia burguesa, es un feminismo que nos traiciona. Nuestra liberación será obra de nosotras mismas -de la madre obrera, de la joven que se niega a ser mercancía, de la trabajadora explotada o desempleada- o no será. Este 8 de marzo, que nuestra presencia en la calle no sea un desfile, sino un ejercicio de soberanía y una declaración de guerra contra el sistema que nos quiere calladas, cansadas y divididas.

Que caigan juntos, capitalismo y patriarcado
A despertar la furia revolucionaria de la mujeres
¡Aquí están las antifascistas!

Crecen las reservas internacionales, también los muertos en las calles

Hoy los medios de comunicación que se apegan a la agenda de los “empresarios” que gobiernan lo que queda de este país, informan como logro que las reservas internacionales del país han crecido. Según dicen, el monto hoy asciende a 12 mil millones de dólares, con una concentración de ese valor de un 35% en oro. Una cifra histórica.

Esto coincide ¿De forma extraña? Con un aumento, también histórico, de la violencia, la delincuencia y el narcotráfico. Esta no es una “coincidencia” menor, es el resultado de la implementación de la necropolítica y la agenda del FMI impuesta en Ecuador. Agenda internacional que nunca se fue, solo que hoy es tan profunda y frontal que no se puede ocultar.

Este crecimiento de las reservas internacionales no nos beneficia a lxs de a pie. Los únicos que ganan con ese “ahorro” son los empresarios, los banqueros locales, las corporaciones internacionales extractivistas y el capital financiero especulativo global. Qué ganamos nosotrxs, las masas, nada. Todo ese dinero, que es público, se guarda al servicio de los intereses de marionetas del imperialismo y el colonialismo.

Ese dinero, que es de una mayoría, es administrado por una minoría que no ve por nosotrxs, solo ve por sus negocios privados y sus ganancias millonarias. Mientras ese dinero descansa, como respaldo para más deuda con el FMI, los hospitales de Ecuador operan con un 54.3% de capacidad operativa, una cifra de muerte que está por debajo de la métrica internacional.

Esas reservas internacionales de las que el grupo Nobis presume no son más que riqueza inmóvil mientras el país se desangra; ese capital debería ser el motor para rescatar un sistema educativo en ruinas y frenar la deserción escolar que en 2025 expulsó a 72.644 estudiantes de las aulas. Combatir la inseguridad no requiere de planes con nombres de aves mitológicas, ni de seguir solapando a instituciones represivas que, como vimos en el Paro de 2025, solo sirven para disparar al pueblo o pactar con las mafias.

Para detener este baño de sangre diario y arrebatarle el territorio a las mafias, se necesita inversión real que transforme el tejido social, no solo militares y policías en las esquinas que no son parte de la solución, sino del problema. El Estado elige acumular cifras en lugar de garantizar acceso digno a salud, cultura y empleo no precarizado.

El 2025 quedó marcado como el año más violento de nuestra historia con 9.216 muertes, una tragedia con rostro de hombre joven que el narcotráfico ha canibalizado ante la ausencia de oportunidades. Esas reservas, tan históricas como dolorosas, deben dejar de ser un número en una cuenta para convertirse en la herramienta que detenga la guerra interna y devuelva la dignidad a lxs empobrecidxs del Ecuador que ya no aguantan más diagnósticos de escritorio.

Como se ve, la necropolítica neoliberal impuesta por el Fondo Monetario Internacional e implementada por Daniel Noboa Azin les funciona de maravilla. Ellos aseguran sus negocios (legales e ilegales) y ganancias en dólares y oro, mientras nosotrxs morimos en las calles.

No basta con indignarse, HAY QUE ORGANIZARSE.
¡A preparar la ofensiva popular!

Acción Antifascista, Ecuador 2026

Reforma al COOTAD: Un nuevo zarpazo del neoliberalismo en Ecuador

Cuando vemos lo que pasa en Argentina y la regresión de derechos laborales hasta llevarlos casi a la esclavitud, pensamos que es un caso lejano. Lo que no queremos notar es que ese rostro salvaje del capitalismo cambia de piel según el territorio. En el sur, la cara letal es Milei; en Ecuador, el neoliberalismo viste el traje de Daniel Noboa Azín.

Regresión de derechos no es solo que el Estado central te quite la salud o la educación. Es controlar los aspectos mínimos de la existencia: el pensamiento, los afectos, la libertad y, sobre todo, en qué gastas tu tiempo y tu vida. Eso está pasando hoy: el Estado Central pretende, mediante ley, asfixiar la gestión de los Gobiernos Autónomos Descentralizados –  GAD. No se equivoquen, esto no es «orden fiscal»; es la radicalización del control de la gran burguesía sobre cada rincón del país.

La ley que envió Daniel Noboa – heredero del mayor holding bananero del país, un imperio de 1.355 millones en activos y 156 empresas – anuncia que “reorganizará” las finanzas locales. Lo que realmente anuncia es que el país será administrado como una de sus haciendas. Ya no basta con exhibir tanques de guerra y militares en las plazas de las ciudades para atemorizar; ahora la meta es, mediante decreto, asfixiar la política de los territorios y capturar el presupuesto para asegurar el pago de la deuda externa.

El gobierno de turno dirá: “justifica tus gastos”. Pero bajo su lógica empresarial, el salario de la parvularia, el médico del barrio o el gestor cultural son simple “gasto corriente” que debe ser recortado. Para el binomio Noboa – FMI, la inversión solo es cemento y contratos para sus socios; para nosotrxs, la inversión social es la reproducción de la vida que el Estado Central ha abandonado por décadas.

La cara más brutal de la dictadura del capital es el Fascismo, que no es otra cosa que la democracia en agonía que busca perpetuar la desigualdad. Si Noboa logra pasar esta ley, se tomará de forma silenciosa el control de los gobiernos locales. Un distraído dirá que esto no es peligroso, pero lo es: condicionar la política pública al gusto de un presidente que representa a la élite agroexportadora es condenar a los GAD a la misma descomposición y elitismo del Estado central.

Si hoy los municipios y prefecturas del país reciben el 21% de los ingresos permanentes del Estado y el 10% de los no permanentes, mañana será el 15% y el 5% si no hacen caso o se allanan a las políticas de la Corporación Noboa. La idea del gobierno ecuatoriano es desaparecer la deuda de 875 millones que tiene con los GAD, esto no es nuevo, todxs sabemos que la familia del presidente ya uso las «reformas» para desaparecer una deuda personal de 98 millones.

No faltará quien argumente que los GAD «se gastan el dinero solo en fiestas» ¿Acaso la cultura, el arte y la autogestión de la salud no son importantes? Piensa, «pequeño genio». Estas políticas de reducción no son más que los ajustes estructurales impuestos por el FMI para que los activos de los grandes grupos económicos sigan creciendo mientras el pueblo sobrevive en la miseria.

Sabemos que el neoliberalismo no descansará hasta tragarse todo lo público y dejarle la vía libre a sus socios privados. Por eso le ponemos cara al enemigo: hoy es la Corporación Noboa quien administra el Estado Central, mañana será cualquiera, e igual estaremos aquí para hacerle frente. No defendemos la burocracia, defendemos los espacios de vida que hemos arrancado al sistema.

Acción Antifascista Ecuador – Febrero 2026

La Cloaca del Poder: De las islas de Epstein a las calles de Ecuador

Mientras el mundo vuelve a estremecerse este inicio de 2026 con las nuevas filtraciones de los archivos de Epstein, esa cloaca donde el poder global desnudó su naturaleza depredadora, es urgente que también regresemos la mirada a la podredumbre que supura dentro de nuestra propia casa. Es fácil indignarse ante la depravación de las élites mundiales, pero esa misma red de impunidad es la que sostiene a nuestra lumpen-burguesía local. 

Hablamos de esa clase parasitaria que se llena los bolsillos con utilidades bancarias récord —superando los 700 millones de dólares anuales— mientras el país se desangra. El jet privado de las “islas del pecado” y el barco bananero que sale de Guayaquil cargado de cocaína son dos caras de la misma moneda. No son mundos distintos; es el mismo engranaje donde el dinero se “desinfecta» en edificios de lujo mientras en los barrios ponemos los muertos.

Debemos llamar a las cosas por su nombre para que el análisis sea un arma. Lo que vivimos en Ecuador es el capitalismo en su fase más pura, violenta y desprovisto de la poca ética que le quedaba. En este engranaje, la **lumpen-burguesía (dueños de bancos, importadoras y constructoras que lavan el capital de sangre) utiliza al *lumpen-proletariado como su mano de obra más barata y desechable. Y aquí no caben romanticismos: ese sujeto que víctima de un sistema que lo parió sin pan, ni educación, pero con un arma, hoy es quien te extorsiona, quien asalta al obrero y quien intimida al vecino. Es enemigo de primer orden en la cotidianidad del barrio, un victimario que, en su desesperación o ambición, se ha vuelto el perro guardián de los negocios turbios de los de arriba.

En esa desesperación mediada por el terror, el pueblo muchas veces descarga su furia contra el eslabón más débil: el delincuente menor que termina linchado o quemado en una esquina. Pero seamos claros: golpear al último peldaño de la escalera mientras guardamos silencio ante los grandes traficantes y banqueros es un acto de cobardía inducida. La «limpieza social» y los “comandos de la muerte” jamás serán justicia popular; son herramientas perversas que, curiosamente, siempre terminan ligadas a militares, policías u organizaciones políticas que defienden los intereses de los ricos. Ellos nos meten miedo para vendernos su «seguridad», mientras sus patrones lavan el dinero del narco al que dicen despreciar. Quieren que nos matemos entre pobres para que nadie mire hacia los penthouses donde se firman los verdaderos acuerdos.

Nuestra tarea no es convertirnos en verdugos al servicio de la burguesía, sino reconstruir el tejido social que el narco-capitalismo rompe. Organizar la autodefensa popular no significa crear grupos de exterminio que le hacen el trabajo sucio al Estado, sino levantar una fuerza comunitaria que recupere la calle, que cuide a nuestras infancias de la seducción del dinero fácil y que expulse tanto al vacunador como al banquero que le limpia las cuentas. Solo cuando la comunidad se reconozca a sí misma fuera del engranaje podrido de las economías legales e ilegales, empezaremos a ser libres. Porque si la élite tiene sus islas y sus archivos secretos, nosotros tenemos la solidaridad de clase y la rabia organizada que no se vende ni se arrodilla.

A preparar la ofensiva popular

 

** Algunos conceptos necesarios

El Proletariado
Es la clase que, al no ser dueña de fábricas, tierras ni herramientas, sólo tiene su fuerza de trabajo para vender. El proletario no es solo quien trabaja, es quien produce la plusvalía (la riqueza que el patrón se queda sin haber trabajado). Su fuerza reside en su papel estratégico en la producción: si el proletariado se detiene, el mundo se apaga.

*Lumpenproletariado:
Son los sectores expulsados del sistema productivo que han perdido el vínculo con la identidad obrera . Al vivir al margen de la ley y la solidaridad de clase, Marx advertía que son un grupo peligroso. Sin formación política, el sistema los usa fácilmente como fuerza de choque o soplones, pues su falta de raíces los hace vendibles al mejor postor, incluso a sus propios opresores.

La Burguesía: 
Es la clase dominante que posee los medios de producción. Su función histórica ha sido acumular capital mediante la explotación del trabajo ajeno. A diferencia del pueblo, la burguesía utiliza el Estado y sus leyes para proteger su propiedad privada. No son «emprendedores» por esfuerzo propio, son los administradores de un sistema que requiere que la mayoría sea pobre para que una minoría sea inmensamente rica.

**Lumpenburguesía
Término clave para entender a las élites de países dependientes o colonizados. A diferencia de la burguesía industrial que construye infraestructura, la lumpenburguesía es parásita: no tiene proyecto de país, solo de bolsillo. Actúan como intermediarios del capital extranjero legal o ilegal, prefiriendo la especulación financiera y el extractivismo (saqueo de recursos naturales) antes que el desarrollo social. Son los que venden su propia nación a pedazos por una comisión.



La obediencia es la enfermedad, la desobediencia es la cura

Nos han educado para ser engranajes de una maquinaria ajena. Desde la escuela-cuartel hasta la fábrica-prisión, el sistema ha montado un experimento de domesticación donde la única respuesta permitida es la sumisión. Pero la historia no la escriben quienes bajan la cabeza, sino quienes interrumpen el flujo del orden establecido.

Los patrones sociales y económicos del capitalismo nos empujan hacia un individualismo suicida. Nos han vendido la «salvación individual» para ocultar que nuestra soledad es la base de nuestra debilidad. Nos fragmentan para devorarnos. El egoísmo no es una condición biológica; es una herramienta de control burgués diseñada para que veas un competidor en quien sufre a tu lado, en lugar de un hermano de clase.

El poder teme al pueblo que piensa y se reconoce. Por eso, asfixian nuestra conciencia con necesidades artificiales y espectáculos vacíos. Nos imponen una cultura del consumo que nos entierra en deudas mientras refuerzan los grilletes de la vigilancia algorítmica. Un pueblo entretenido es un pueblo explotable.

La democracia burguesa es un teatro de sombras donde los actores cambian pero el guion lo escriben los mismos dueños del dinero. La verdadera política no reside en las urnas del opresor, sino en la ruptura de los hábitos de obediencia que nos han inoculado.

Desobedecer no es un capricho individualista; es un acto de autodefensa de clase. Cada vez que prefieres la solidaridad sobre la competencia, estás saboteando la lógica del Capital y recuperando tu humanidad.

La victoria no vendrá de “mesías” ni de «líderes» que negocian nuestras vidas en despachos alfombrados. La emancipación será obra de la clase obrera , desde la base, la autogestión y el apoyo mutuo.

      1. Identifica el patrón: Reconoce cuándo actúas por el miedo programado por el sistema.
      2. Corta el hilo: Niégate a ser el verdugo de tus iguales. Rompe la cadena de mando en tu cotidianidad.
      3. Organízate y Lucha: La única fuerza capaz de detener la maquinaria es la de las masas conscientes, organizadas y fuera de control institucional.


POR TU SALUD MENTAL, DESOBEDECE

RECHAZO TOTAL A LA AGRESIÓN IMPERIALISTA AL PUEBLO VENEZOLANO

El estruendo de las botas gringas en Venezuela no es un eco de «libertad», es el crujido de la soberanía latinoamericana bajo el peso del capital transnacional. Desde esta trinchera popular y antifascista, lo decimos con claridad: el ataque de los Estados Unidos no es contra un gobierno, es contra una región entera y sus bienes comunes.

Vemos hoy a sectores del pueblo venezolano celebrando. Su hartazgo es legítimo; años de autoritarismo, corrupción y la deriva de un régimen que usó el nombre del pueblo para enriquecer a una casta militar han agotado la paciencia de las masas. Sin embargo, la historia no miente y la memoria es un arma: ¿a qué pueblo del mundo le ha traído bienestar una invasión estadounidense? Pregunten en las ruinas de Irak, en las fosas comunes de Libia o en las calles militarizadas de Afganistán. El imperialismo no exporta democracia; exporta cementerios, deuda y extractivismo. Quien hoy celebra el desembarco del invasor, sin saberlo, está celebrando las cadenas del mañana.

La retórica de Washington es la de siempre: «objetivos militares», «lucha contra el narcotráfico», «restauración del orden». Es la misma gramática que justifica el genocidio en Palestina, tildando de terrorista a cada niño bombardeado. Pero el objetivo real no son los cuarteles, sino las reservas de petróleo, los minerales estratégicos y el control geopolítico del continente. Debemos entender la naturaleza del enemigo que enfrentamos; tal como lo definió V. I. Lenin en su tesis fundamental:

«El imperialismo es la fase monopolista del capitalismo.»

— (Lenin, V. I., El imperialismo, fase superior del capitalismo, 1916).

Esta invasión es la respuesta violenta de un sistema que, en su agonía, necesita saquear recursos para sobrevivir. Hoy es el petróleo venezolano; mañana será el litio de Bolivia, Argentina y Chile; pasado mañana, el agua de nuestras selvas. Venezuela no es un caso aislado, es el laboratorio de una ofensiva que busca disciplinar a todo el continente.

Jamás hemos aplaudido la gestión de Maduro, alguien que traicionó las aspiraciones populares y gestionó la miseria en beneficio propio. Pero nuestra crítica interna al régimen no nos arroja a los brazos del enemigo histórico. La liberación de los pueblos será obra de los mismos o no será. Aceptar la intervención extranjera es aceptar que nuestras vidas son moneda de cambio en el tablero de los poderosos. No hay «atajos» militares que vengan de fuera para solucionar problemas que nos corresponden resolver en la calle y desde abajo.

El mundo se está reordenando bajo la bota de la necesidad económica de las potencias. Si permitimos que el asalto armado se naturalice en Sudamérica, ninguno de nuestros territorios estará a salvo. En el momento en que una política local no sea del agrado del Pentágono, los drones sobrevolarán nuestras casas. Basta de ingenuidad: estamos ante un saqueo planificado bajo la máscara de la ayuda humanitaria.

No estamos con el Maduro o el Chavismo, estamos con el pueblo trabajador que sufrirá las bombas, el hambre y el despojo. Estamos por la autodeterminación de los pueblos, no por la «paz» de los cementerios que ofrece el imperio. Hoy es Venezuela, mañana seremos nosotrxs si no somos capaces de despertar y organizarnos.

¡FUERA EL IMPERIALISMO DE LATINOAMÉRICA!
CONTRA EL SAQUEO Y LA AGRESIÓN COLONIAL
A PREPARAR LA OFENSIVA POPULAR

Acción Antifascista Ecuador
Enero 2026