Reforma al COOTAD: Un nuevo zarpazo del neoliberalismo en Ecuador

Cuando vemos lo que pasa en Argentina y la regresión de derechos laborales hasta llevarlos casi a la esclavitud, pensamos que es un caso lejano. Lo que no queremos notar es que ese rostro salvaje del capitalismo cambia de piel según el territorio. En el sur, la cara letal es Milei; en Ecuador, el neoliberalismo viste el traje de Daniel Noboa Azín.

Regresión de derechos no es solo que el Estado central te quite la salud o la educación. Es controlar los aspectos mínimos de la existencia: el pensamiento, los afectos, la libertad y, sobre todo, en qué gastas tu tiempo y tu vida. Eso está pasando hoy: el Estado Central pretende, mediante ley, asfixiar la gestión de los Gobiernos Autónomos Descentralizados –  GAD. No se equivoquen, esto no es «orden fiscal»; es la radicalización del control de la gran burguesía sobre cada rincón del país.

La ley que envió Daniel Noboa – heredero del mayor holding bananero del país, un imperio de 1.355 millones en activos y 156 empresas – anuncia que “reorganizará” las finanzas locales. Lo que realmente anuncia es que el país será administrado como una de sus haciendas. Ya no basta con exhibir tanques de guerra y militares en las plazas de las ciudades para atemorizar; ahora la meta es, mediante decreto, asfixiar la política de los territorios y capturar el presupuesto para asegurar el pago de la deuda externa.

El gobierno de turno dirá: “justifica tus gastos”. Pero bajo su lógica empresarial, el salario de la parvularia, el médico del barrio o el gestor cultural son simple “gasto corriente” que debe ser recortado. Para el binomio Noboa – FMI, la inversión solo es cemento y contratos para sus socios; para nosotrxs, la inversión social es la reproducción de la vida que el Estado Central ha abandonado por décadas.

La cara más brutal de la dictadura del capital es el Fascismo, que no es otra cosa que la democracia en agonía que busca perpetuar la desigualdad. Si Noboa logra pasar esta ley, se tomará de forma silenciosa el control de los gobiernos locales. Un distraído dirá que esto no es peligroso, pero lo es: condicionar la política pública al gusto de un presidente que representa a la élite agroexportadora es condenar a los GAD a la misma descomposición y elitismo del Estado central.

Si hoy los municipios y prefecturas del país reciben el 21% de los ingresos permanentes del Estado y el 10% de los no permanentes, mañana será el 15% y el 5% si no hacen caso o se allanan a las políticas de la Corporación Noboa. La idea del gobierno ecuatoriano es desaparecer la deuda de 875 millones que tiene con los GAD, esto no es nuevo, todxs sabemos que la familia del presidente ya uso las «reformas» para desaparecer una deuda personal de 98 millones.

No faltará quien argumente que los GAD «se gastan el dinero solo en fiestas» ¿Acaso la cultura, el arte y la autogestión de la salud no son importantes? Piensa, «pequeño genio». Estas políticas de reducción no son más que los ajustes estructurales impuestos por el FMI para que los activos de los grandes grupos económicos sigan creciendo mientras el pueblo sobrevive en la miseria.

Sabemos que el neoliberalismo no descansará hasta tragarse todo lo público y dejarle la vía libre a sus socios privados. Por eso le ponemos cara al enemigo: hoy es la Corporación Noboa quien administra el Estado Central, mañana será cualquiera, e igual estaremos aquí para hacerle frente. No defendemos la burocracia, defendemos los espacios de vida que hemos arrancado al sistema.

Acción Antifascista Ecuador – Febrero 2026

La Cloaca del Poder: De las islas de Epstein a las calles de Ecuador

Mientras el mundo vuelve a estremecerse este inicio de 2026 con las nuevas filtraciones de los archivos de Epstein, esa cloaca donde el poder global desnudó su naturaleza depredadora, es urgente que también regresemos la mirada a la podredumbre que supura dentro de nuestra propia casa. Es fácil indignarse ante la depravación de las élites mundiales, pero esa misma red de impunidad es la que sostiene a nuestra lumpen-burguesía local. 

Hablamos de esa clase parasitaria que se llena los bolsillos con utilidades bancarias récord —superando los 700 millones de dólares anuales— mientras el país se desangra. El jet privado de las “islas del pecado” y el barco bananero que sale de Guayaquil cargado de cocaína son dos caras de la misma moneda. No son mundos distintos; es el mismo engranaje donde el dinero se “desinfecta» en edificios de lujo mientras en los barrios ponemos los muertos.

Debemos llamar a las cosas por su nombre para que el análisis sea un arma. Lo que vivimos en Ecuador es el capitalismo en su fase más pura, violenta y desprovisto de la poca ética que le quedaba. En este engranaje, la **lumpen-burguesía (dueños de bancos, importadoras y constructoras que lavan el capital de sangre) utiliza al *lumpen-proletariado como su mano de obra más barata y desechable. Y aquí no caben romanticismos: ese sujeto que víctima de un sistema que lo parió sin pan, ni educación, pero con un arma, hoy es quien te extorsiona, quien asalta al obrero y quien intimida al vecino. Es enemigo de primer orden en la cotidianidad del barrio, un victimario que, en su desesperación o ambición, se ha vuelto el perro guardián de los negocios turbios de los de arriba.

En esa desesperación mediada por el terror, el pueblo muchas veces descarga su furia contra el eslabón más débil: el delincuente menor que termina linchado o quemado en una esquina. Pero seamos claros: golpear al último peldaño de la escalera mientras guardamos silencio ante los grandes traficantes y banqueros es un acto de cobardía inducida. La «limpieza social» y los “comandos de la muerte” jamás serán justicia popular; son herramientas perversas que, curiosamente, siempre terminan ligadas a militares, policías u organizaciones políticas que defienden los intereses de los ricos. Ellos nos meten miedo para vendernos su «seguridad», mientras sus patrones lavan el dinero del narco al que dicen despreciar. Quieren que nos matemos entre pobres para que nadie mire hacia los penthouses donde se firman los verdaderos acuerdos.

Nuestra tarea no es convertirnos en verdugos al servicio de la burguesía, sino reconstruir el tejido social que el narco-capitalismo rompe. Organizar la autodefensa popular no significa crear grupos de exterminio que le hacen el trabajo sucio al Estado, sino levantar una fuerza comunitaria que recupere la calle, que cuide a nuestras infancias de la seducción del dinero fácil y que expulse tanto al vacunador como al banquero que le limpia las cuentas. Solo cuando la comunidad se reconozca a sí misma fuera del engranaje podrido de las economías legales e ilegales, empezaremos a ser libres. Porque si la élite tiene sus islas y sus archivos secretos, nosotros tenemos la solidaridad de clase y la rabia organizada que no se vende ni se arrodilla.

A preparar la ofensiva popular

 

** Algunos conceptos necesarios

El Proletariado
Es la clase que, al no ser dueña de fábricas, tierras ni herramientas, sólo tiene su fuerza de trabajo para vender. El proletario no es solo quien trabaja, es quien produce la plusvalía (la riqueza que el patrón se queda sin haber trabajado). Su fuerza reside en su papel estratégico en la producción: si el proletariado se detiene, el mundo se apaga.

*Lumpenproletariado:
Son los sectores expulsados del sistema productivo que han perdido el vínculo con la identidad obrera . Al vivir al margen de la ley y la solidaridad de clase, Marx advertía que son un grupo peligroso. Sin formación política, el sistema los usa fácilmente como fuerza de choque o soplones, pues su falta de raíces los hace vendibles al mejor postor, incluso a sus propios opresores.

La Burguesía: 
Es la clase dominante que posee los medios de producción. Su función histórica ha sido acumular capital mediante la explotación del trabajo ajeno. A diferencia del pueblo, la burguesía utiliza el Estado y sus leyes para proteger su propiedad privada. No son «emprendedores» por esfuerzo propio, son los administradores de un sistema que requiere que la mayoría sea pobre para que una minoría sea inmensamente rica.

**Lumpenburguesía
Término clave para entender a las élites de países dependientes o colonizados. A diferencia de la burguesía industrial que construye infraestructura, la lumpenburguesía es parásita: no tiene proyecto de país, solo de bolsillo. Actúan como intermediarios del capital extranjero legal o ilegal, prefiriendo la especulación financiera y el extractivismo (saqueo de recursos naturales) antes que el desarrollo social. Son los que venden su propia nación a pedazos por una comisión.



La obediencia es la enfermedad, la desobediencia es la cura

Nos han educado para ser engranajes de una maquinaria ajena. Desde la escuela-cuartel hasta la fábrica-prisión, el sistema ha montado un experimento de domesticación donde la única respuesta permitida es la sumisión. Pero la historia no la escriben quienes bajan la cabeza, sino quienes interrumpen el flujo del orden establecido.

Los patrones sociales y económicos del capitalismo nos empujan hacia un individualismo suicida. Nos han vendido la «salvación individual» para ocultar que nuestra soledad es la base de nuestra debilidad. Nos fragmentan para devorarnos. El egoísmo no es una condición biológica; es una herramienta de control burgués diseñada para que veas un competidor en quien sufre a tu lado, en lugar de un hermano de clase.

El poder teme al pueblo que piensa y se reconoce. Por eso, asfixian nuestra conciencia con necesidades artificiales y espectáculos vacíos. Nos imponen una cultura del consumo que nos entierra en deudas mientras refuerzan los grilletes de la vigilancia algorítmica. Un pueblo entretenido es un pueblo explotable.

La democracia burguesa es un teatro de sombras donde los actores cambian pero el guion lo escriben los mismos dueños del dinero. La verdadera política no reside en las urnas del opresor, sino en la ruptura de los hábitos de obediencia que nos han inoculado.

Desobedecer no es un capricho individualista; es un acto de autodefensa de clase. Cada vez que prefieres la solidaridad sobre la competencia, estás saboteando la lógica del Capital y recuperando tu humanidad.

La victoria no vendrá de “mesías” ni de «líderes» que negocian nuestras vidas en despachos alfombrados. La emancipación será obra de la clase obrera , desde la base, la autogestión y el apoyo mutuo.

      1. Identifica el patrón: Reconoce cuándo actúas por el miedo programado por el sistema.
      2. Corta el hilo: Niégate a ser el verdugo de tus iguales. Rompe la cadena de mando en tu cotidianidad.
      3. Organízate y Lucha: La única fuerza capaz de detener la maquinaria es la de las masas conscientes, organizadas y fuera de control institucional.


POR TU SALUD MENTAL, DESOBEDECE

RECHAZO TOTAL A LA AGRESIÓN IMPERIALISTA AL PUEBLO VENEZOLANO

El estruendo de las botas gringas en Venezuela no es un eco de «libertad», es el crujido de la soberanía latinoamericana bajo el peso del capital transnacional. Desde esta trinchera popular y antifascista, lo decimos con claridad: el ataque de los Estados Unidos no es contra un gobierno, es contra una región entera y sus bienes comunes.

Vemos hoy a sectores del pueblo venezolano celebrando. Su hartazgo es legítimo; años de autoritarismo, corrupción y la deriva de un régimen que usó el nombre del pueblo para enriquecer a una casta militar han agotado la paciencia de las masas. Sin embargo, la historia no miente y la memoria es un arma: ¿a qué pueblo del mundo le ha traído bienestar una invasión estadounidense? Pregunten en las ruinas de Irak, en las fosas comunes de Libia o en las calles militarizadas de Afganistán. El imperialismo no exporta democracia; exporta cementerios, deuda y extractivismo. Quien hoy celebra el desembarco del invasor, sin saberlo, está celebrando las cadenas del mañana.

La retórica de Washington es la de siempre: «objetivos militares», «lucha contra el narcotráfico», «restauración del orden». Es la misma gramática que justifica el genocidio en Palestina, tildando de terrorista a cada niño bombardeado. Pero el objetivo real no son los cuarteles, sino las reservas de petróleo, los minerales estratégicos y el control geopolítico del continente. Debemos entender la naturaleza del enemigo que enfrentamos; tal como lo definió V. I. Lenin en su tesis fundamental:

«El imperialismo es la fase monopolista del capitalismo.»

— (Lenin, V. I., El imperialismo, fase superior del capitalismo, 1916).

Esta invasión es la respuesta violenta de un sistema que, en su agonía, necesita saquear recursos para sobrevivir. Hoy es el petróleo venezolano; mañana será el litio de Bolivia, Argentina y Chile; pasado mañana, el agua de nuestras selvas. Venezuela no es un caso aislado, es el laboratorio de una ofensiva que busca disciplinar a todo el continente.

Jamás hemos aplaudido la gestión de Maduro, alguien que traicionó las aspiraciones populares y gestionó la miseria en beneficio propio. Pero nuestra crítica interna al régimen no nos arroja a los brazos del enemigo histórico. La liberación de los pueblos será obra de los mismos o no será. Aceptar la intervención extranjera es aceptar que nuestras vidas son moneda de cambio en el tablero de los poderosos. No hay «atajos» militares que vengan de fuera para solucionar problemas que nos corresponden resolver en la calle y desde abajo.

El mundo se está reordenando bajo la bota de la necesidad económica de las potencias. Si permitimos que el asalto armado se naturalice en Sudamérica, ninguno de nuestros territorios estará a salvo. En el momento en que una política local no sea del agrado del Pentágono, los drones sobrevolarán nuestras casas. Basta de ingenuidad: estamos ante un saqueo planificado bajo la máscara de la ayuda humanitaria.

No estamos con el Maduro o el Chavismo, estamos con el pueblo trabajador que sufrirá las bombas, el hambre y el despojo. Estamos por la autodeterminación de los pueblos, no por la «paz» de los cementerios que ofrece el imperio. Hoy es Venezuela, mañana seremos nosotrxs si no somos capaces de despertar y organizarnos.

¡FUERA EL IMPERIALISMO DE LATINOAMÉRICA!
CONTRA EL SAQUEO Y LA AGRESIÓN COLONIAL
A PREPARAR LA OFENSIVA POPULAR

Acción Antifascista Ecuador
Enero 2026